EL LEGADO DE ABRAHAM KUYPER

Por Colin Wright

Este año (1998) señala el centenario de la celebración de las Conferencias Stone por Abraham Kuyper, que fueron posteriormente publicadas bajo el título Conferencias sobre el Calvinismo.

No puede haber duda que esta conferencia, y su publicación, hicieron época en la historia del pensamiento Cristiano. Pues Kuyper no simplemente retornó al pensamiento del Reformador Ginebrino a la manera servil de un romántico irreflexivo. Él buscó capturar, o más bien ser capturado, por su genio, fundamentado en la Santas Escrituras como la palabra viviente de Dios, y dejarlas tanto hablar una vez más a su tiempo y ejercer su poder transformador en el pensamiento y la cultura del Nuevo y Viejo Mundo en la segunda parte del siglo diecinueve.

Su obra Conferencias sobre el Calvinismo fue quizás el más grande legado de Kuyper a la iglesia Cristiana, aunque en total produjo alrededor de 200 libros, muchos de ellos cubriendo hasta tres o más volúmenes. Las Conferencias fueron un manifiesto. En ellas Kuyper proclamó al mundo, con una claridad y una frescura quizás incomparables a su tiempo, la relevancia del Calvinismo – como Cristianismo con pleno derecho – como el único principio regulativo genuino para el todo de la vida. En ellas expuso los rudimentos de un programa que iba a ocupar los esfuerzos de Cristianos fieles hasta este día no solo en los Países Bajos sino a través de Europa, las Américas y más allá. Aquí se trazaron las líneas de la batalla para el conflicto porvenir, el cual todavía ruge, entre el Cristianismo Bíblico y el humanismo en todas sus horribles y enrevesadas formas.

Pues con toda seguridad estaba siendo inaugurada una nueva fase de la batalla entre las dos ciudades – la ciudad de Dios y la ciudad del hombre. Se habían ido las antiguas certidumbres de la religión Cristiana que rodearon a la sociedad Occidental incluso en su larga apostasía de la batalla de la Reforma; el humanismo estaba ahora, de par en par, proclamando descaradamente su desafío al Dios viviente. En el yunque de El Origen de las Especies de Darwin y el Manifiesto Comunista de Marx y Engels el humanismo comenzó a forjar su visión beatífica de una auténtica sociedad sin Dios. Voces como las de Nietzsche llamaron a las tropas para arrasar el pensamiento Cristiano de nuestra cultura.

Kuyper, quizás más que nadie en su día excepto del famoso Groen van Prinsterer, su mentor, percibió que la batalla no podía ser ganada a la antigua forma de proceder. Particularmente desde la época de Tomas de Aquino la iglesia se había retirado continuamente ante la embestida de la incredulidad, concediendo terreno en cada área de la vida a principios ajenos a sus muy queridas formas de pensamiento. Al conceder la autoridad última de la razón humana sobre la revelación divina, finalmente se rindió y se entregó en manos del enemigo, aún cuando ostensiblemente usaba la razón para defender la religión. Para el tiempo de Kuyper el Cristianismo se había retirado de manera pietista dentro del refugio interno de lugar santo – lo que los Puritanos llamaban iglesia petrificada. Retirarse más era imposible. Kuyper percibió que un retorno a oponer principio contra principio era esencial si el Cristianismo iba a ganar la guerra:

Los apologistas invariablemente comenzaron por abandonar el parapeto agredido, con el propósito de atrincherarse cobardemente en una zanja ubicada en la parte posterior. Por lo tanto, de lo primero, siempre me he dicho a mí mismo, si la batalla ha de ser peleada con honor y con una esperanza de victoria, entonces debe haber un enfrentamiento de principio contra principio, entonces debe sentirse que en el Modernismo la vasta energía de un sistema de vida todo abarcador nos asalta, entonces también debe entenderse que debemos tomar nuestra posición en un sistema de vida de un poder igualmente todo abarcador y de largo alcance. Y este poderoso sistema de vida no ha de ser inventado y formulado por nosotros mismos, sino que ha de ser tomado y aplicado tal y como se presenta a sí mismo en la historia. (Conferencias, I, p. II)

Kuyper miró que la batalla era, como después la describiría Cornelius Van Til, una batalla ética y no una batalla epistemológica. El Modernismo no cree porque le falte conocimiento, sino porque le falta la voluntad. Los Cristianos no pueden derrotar al Modernismo azotándole con interminables “hechos científicos” sacados del propio arsenal de ellos. Kuyper se dio cuenta que, fundamental al argumento sobre el conocimiento científico se hallaba la antítesis, que nunca puede ser borrada con impunidad, entre el entendimiento modernista de la creación y la mente humana como normales, y el entendimiento Cristiano de ellas como anormales. La diferencia fundamental entre las facciones contendientes se centra en las doctrinas de la Caída y del pecado original.

Si a veces tenemos que diferir con Abraham Kuyper (¡como lo hacemos!) es porque, ubicados sobre su hombro, podemos ver más lejos de lo que él pudo. En nuestro criticismo de su labor productiva de un neo-Calvinismo para su propio día necesitamos recordar que las perspectivas que logró fueron contra las abrumadoras presiones y prejuicios de una época en las que tales perspectivas estaban casi totalmente perdidas. Que él lograra hacerlo tan bien como lo hizo no es una maravilla pequeña y, como él sería el primero en admitirlo, se debió solamente a la gracia distintiva. ¡Soli Deo gratia, soli Deo gloria!

Sin la obra pionera de este gigante los movimientos modernos asociados con los nombres de Cornelius Van Til, Rousas J. Rushdoony, Herman Dooyeweerd y muchos otros no hubiesen ocurrido. Sus escritos e influencia son la naciente de agua de la cual estos movimientos obtuvieron su nutrición e inspiración.

A medida que nos acercamos al comienzo del tercer milenio Cristiano necesitamos proclamar y testificar una vez más que solo el Calvinismo, como Abraham Kuyper lo entendía, esto es, como una perspectiva de la vida y del mundo, puede ofrecer la esperanza, la fuerza, visión y sentido de propósito que la iglesia Cristiana necesita para sostenerse a sí misma en la batalla. Pues por este Calvinismo, descubrimos en la Santa Escritura, a través del testimonio del Espíritu Santo, la infalible y suficiente explicación de Dios de toda la creación en todos sus variados aspectos y matices. La campaña por Cristianizar el mundo es nuestra meta. Hace cien años Kuyper renovó la desmadejada visión de una iglesia desvigorizada con su grito de batalla y su ejemplo. Aquel que equipó y fortaleció a Kuyper nos llama a la misma tarea, y nos da la misma promesa: “Confiad; yo he vencido al mundo.” C&S

Este editorial fue publicado originalmente por la revista Christianity & Society, Volumen VIII, Número 2, de Abril de 1998.

Visite el Web site de la Fundación Kuyper en http://www.kuyper.org