Ciencia y Magia

Por Rev. R. J. Rushdoony

Uno de los aspectos persistentes de la historia humana ha sido el recurrir a la magia y a la ciencia. Ambas tiene su poder sobre el hombre porque ambas están interesadas con el poder sobre el hombre y las cosas; y ambas tratan con un mundo impersonal y amoral.

La Fe Bíblica comienza con un Dios totalmente personal. La Fe Bíblica sostiene que somos personalmente responsables delante de Él y que se requiere de todos los hombres una responsabilidad moral y de juicio.

Por otro lado, la ciencia y la magia ven al mundo como un reino de poderes impersonales a los cuales se les debe sacar partido; y la moralidad, si acaso se admite del todo, es periférica o sino inexistente. La meta es controlar las cosas y las gentes, y el poder está siempre en la mira entre varios otros motivos. No es sorprendente que en los inicios de este siglo muchos radicales vieran al dinamo como un el símbolo más apropiado de la ciencia y del Marxismo. Como resultado, la ciencia ha hecho mucho para revivir las antiguas tiranías de la magia y el ocultismo porque la ciencia, sin las Fe Cristiana y sin más restricciones, es amoral y puede ser peligrosa.

En contra de esta búsqueda de poder el Cristianismo enfatiza la redención y sumisión a Dios y, en Él, servir a Dios y al hombre. Significa no solamente nuestra regeneración espiritual sino también cambios prácticos en nuestro diario vivir. En 1968, cuando Eugene A. Nida escribió “La Religión a través de la Cultura”, citó una respuesta que se daba en África Occidental a la pregunta: “¿Es Ud. un cristiano?”. Una respuesta era: “No, yo no hiervo agua” (Pág.19). No obstante ser una descripción superficial de lo que es un Cristiano era una respuesta muy reveladora. Un Cristiano protegía a su familia y a sus huéspedes hirviendo el agua que normalmente estaba infectada de microbios. Su fe hacia la diferencia.

El cristiano ejercita dominio responsable, algo muy diferente del poder amoral porque significa traer todo a la obediencia a Cristo como el Rey. En vez de ser amoral o anti-moral, dominio significa el vivir la vida en terminos de la ley de Dios, en términos de la palabra justicia y rectitud escrita, la Biblia. Dominio significa el imperio de la justicia y la moralidad más bien que del poder.

La ciencia debiera servir a los propósitos de Dios, pero ha escogido eliminar el “concepto de Dios” de su pensamiento mientras al mismo tiempo usa el hecho del orden creado por Dios, lo cual es una presuposición, con el propósito de pensar, razonar y experimentar.

La ciencia como la conocemos hoy despersonaliza al mundo y al hombre. Estudia al hombre bajo términos y categorías impersonales. Ahora, tal aproximación, es decir, de despersonalización o impersonalización, elimina la consideración de la moralidad porque la moralidad tiene que ver con hechos y relaciones entre personas. Con una aproximación científica humanista desaparece una moralidad objetiva porque los criterios de juicio y raciocinio son todos impersonales. Así el mundo y el hombre son deshumanizados. Dios es reemplazado por fuerzas naturales.

Si no hay una ley moral objetiva, si Dios no es nuestro Rey y Señor, entonces el crimen pierde su carácter inmoral y se vuelve sencillamente una violación de una ley o regulación del estado. Lo que en realidad si vemos es un alto incremento del crimen junto con una minimización de su seriedad. Sin un retorno a la fe Cristiana el crimen aumentará en su alcance y habrá una opinión cada ve más baja de su seriedad. Mucho de lo que toleramos hoy era visto con verdadero horror hace sesenta o setenta años.

Sir Henry James (1811-1882), padre de los novelistas Henry James y William James, psicólogo y filosofo, miraba la libertad del restringido texto de la Biblia. La “caída” de Adán en realidad fue hacia arriba, una superación; y Eva “tuvo una regenerativa influencia sobre Adán, iniciándolo en el camino de la verdadera hombría”. (Dwight W. Hoover: Sir Henry James y la Religión de la Comunidad, p. 58f., 1969). Para James, “el mal era inofensivo”. Hoy, sin embargo, los hombres temen al mal que les rodea y que de forma creciente gobierna en nuestra civilización. Pero la ciencia no nos capacita para tratar con el pecado y con el mal porque no puede identificarlos correctamente como una rebelión contra Dios, su llamado y su ley. Es más, los criminales tienen la misma meta que nuestros otros humanistas, el poder y, como nuestros científicos, niegan la ley moral de Dios.

El hombre creará una cultura criminal en tanto que su meta sea el poder. Solo a través de Cristo Jesús pueden nuestras metas personales y sociales ser reordenadas por la ley moral de Dios. Y la única manera en que los hombres alcanzan ese propósito es a través del poder salvador de Jesucristo.