NAVIDAD

Por Rev. R. J. Rushdoony

Tengo vívidas memorias de mis muy tempranas Navidades, antes de que alguna vez entrara a la escuela. El acontecimiento bíblico de la Navidad me fue leído por mi padre, algunas veces en armenio, en otras ocasiones, en inglés. Me fue dicho que la encarnación era necesaria para salvar este mundo caído y pecador. Como un chico armenio, muy familiarizado con las historias de horror de las masacres, sabía en efecto que estaba caído.

También recuerdo claramente una noche de invierno, cuando mi padre y madre estaban en una reunión en la iglesia que sucedió un incidente que no sería ni el primero ni el último. Mi hermana, mi joven tía, y mi tío (quienes eran más como hermano y hermana para mi) estaban ya en la cama, y mi abuela estaba acostándome cuando jóvenes matones, odiado a los extranjeros, quebraron las ventanas de la recámara y huyeron. Mi abuela, conociendo los horrores de las recientes masacres turcas, y pese a la malvada hambruna rusa bolchevique, quietamente me abrazó y oró conmigo. Entonces, a pesar de mis ruegos, salió a la cocina, a lavar algunos platos, diciendo que nuestro perseguido Señor podía y cuidaría de mi.

Tan pronto como pude leer en la Biblia y mi libro de historia bíblica, leí y releí el acontecimiento bíblico de la encarnación. En Navidad, mi padre nos había ayudado con el Árbol de Navidad. En aquellos días se decoraba con candelas y frutos tales como naranjas, manzanas, y granadas, porque Apocalipsis habla de Cristo como el árbol de vida, llevando todo tipo de frutos a todas las estaciones. Se me enseñó el significado de la Navidad, como el inicio de la destrucción del pecado -la Navidad, de este modo, era una época de gozo.

Ahora, a los 84, con las pocas Navidades que me quedan, siento el mismo gozo, y la misma seguridad de victoria. Somos las personas destinadas a la victoria, y nada puede cambiar este hecho. Recuerdo vívidamente las lecturas de mi padre de la historia de la Navidad, y mi confianza en la victoria de Dios. El es el Señor, y no hay otro. Hombres y gobernantes olvidan esto, para su peligro. El es nuestro Salvador, o nuestro Juez.

La Navidad es así una época de gozo santo para nosotros, una celebración de su inminente e inevitable victoria. Con la encarnación, Cristo empezó Su invasión de la historia. Somos parte de Su ejercito de victoria. Por lo tanto, regocíjense!

Tomado de "Chalcedon Report" de Diciembre 2,000

Traducido por: Katherine Solano Fonseca.