Marzo 2002
UNA BREVE MIRADA A LA VIDA SIN VISIÓN
Sin profecía el pueblo se desenfrena.
Proverbios 29:18
Como la Escritura a menudo nos recuerda, la vida, sin una visión clara y significativa, lleva con ella una sentencia de apatía, auto-centrismo, y en última instancia, la decadencia. La visión, que en última instancia significa el vivir sobre una base regular de metas definidas y la organización disciplinada del tiempo y de los recursos para realizar aquella visión, provee estructura a todo lo que somos y hacemos. Sin una visión central, las personas, organizaciones, naciones y civilizaciones entran en un ciclo o de olvido o de subyugación a un poder externo.
La civilización Occidental en general y el Cristianismo en particular enfrentan actualmente la amenaza más grande en su historia. Ambos se han quedado, relativamente, sin visión en términos de vivir a partir de metas definidas que cambien al mundo, y compiten exitosamente con culturas y fuerzas contrarias de manera convincente. Los síntomas de esta crisis son tanto genéricos como históricamente aplicables a todos los movimientos o culturas en la historia del hombre, pero muy dignas de notarse.
Síntomas Generales de la Vida sin Visión, ya sea Personal o Corporativamente
- Una preocupación con el yo antes que en las metas o la visión como fuente de vida o un conjunto de valores más allá del yo. Los síntomas de esto son la auto-indulgencia, el auto-centrismo, preocupación con los derechos personales, comodidades naturales, y conveniencias.
- El debilitamiento de relaciones de compromiso, tales como la familia nuclear o los vínculos organizacionales que requieran compromisos y un rendir de cuentas.
- Falla en tomar parte o servir activamente en asuntos comunitarios, el estar informado con respecto a asuntos críticos sociales o económicos más allá del empleo o de los beneficios personales, para votar tanto en las elecciones locales como nacionales.
- El aislamiento personal de los vecinos incluyendo la pérdida de comunidad con personas fuera del trabajo, la familia u otras asociaciones donde uno vive.
- Una creciente tolerancia por otros valores aparte de los valores esenciales de la organización, nación o herencia de uno, incluso si aquellos valores son vistos como destructivos.
- Un sentido de temor o vergüenza al confrontar a personas o ideas que desafían las propias creencias de uno, acompañado de una disposición a dejar que aquellos que están comprometidos con sus propias ideas continúen llevando las cosas en tanto que ellos lo dejen a uno básicamente libre para perseguir sus propios intereses.
- Una disposición a ser mal interpretado o incluso denigrado por personas agresivas con agendas opuestas porque el pelear por la verdad de uno es algo que crea demasiados inconvenientes.
- Una falta de interés en el crecimiento de la familia de uno (nuevos hijos), en las membresías organizacionales, la organización ocupacional, la calidad de la vida comunitaria o en los intereses nacionales.
- Fracaso en educar a los hijos de uno en los valores esenciales de uno, dejando esa responsabilidad en última instancia a otros o a los duros golpes de la universidad de la vida.
- Preocupación con el entretenimiento acompañado del deseo de posicionar a las personas como héroes basado en los logros o el desempeño más que en el carácter o la virtud.
En resumen, una falta de visión se refleja en un escape de los demás y sus intereses, una pérdida de un rendir de cuentas activo a figuras de autoridad o a valores trascendentes, y una negativa a defender los valores propios, mucho menos buscar extenderlos activamente. Más allá del así llamado evangelismo o las guerras contra el terrorismo, este lista encaja del todo, demasiado dolorosamente, en la civilización Occidental como un todo. Hablaremos más sobre este asunto y sobre lo que debe hacerse, y eso es el centro de la cuestión.
Artículo The Bottom Line (El Centro de la Cuestión), versión electrónica de Marzo del 2,002.
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