Acerca de la Gran Comisión
Por. Abby Oberst

* Mateo 28:18-20.

        Mateo 28:19 está entre los versículos clave de la Fe Cristiana. Una vez salvado y unido a la comunión con el Amado, el nuevo creyente es traído, sobrenaturalmente, a la Gran Comisión como su tarea natural. El debe ir y hacer discípulos - compartiendo con otros el evangelio (las buenas nuevas) de Jesucristo. Quizás más que en cualquier otra porción de la Escritura, el tratamiento de este pasaje - su interpretación y exposición - ilustra los distintivos teológicos entre la iglesia evangélica moderna y la Fe histórica y ortodoxa.

        Si palabras como “hermenéutica” y “exégesis” hacen que te encojas de incomodidad, recuerda que el dividir correctamente la Palabra de verdad es una obligación de todos nosotros. Estos términos altisonantes simplemente se refieren a la interpretación de las Escrituras. Por cierto, la “Gran Comisión” ha sido reducida a la “gran omisión” debido a la hermenéutica equivocada de una pietista iglesia del siglo veinte.

        La Regla Número Uno bien puede ser: No tome los versículos fuera de contexto. ¿Qué está ocurriendo aquí y ahora? Jesús ha regresado, resucitado, y les está dando a sus discípulos Su admonición final. Note que, antes de que El los comisione El proclama: Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra. Jesús mismo no sugiere que su preeminencia o reinado ocurrirá en alguna fecha futura (después de que la iglesia haya sido derrotada por el mal), sino que existe ahora. En los cielos y en la tierra. Los Cielos y la Tierra son decididamente suyos (una fait accompli, como diría la palabra francesa: un hecho ya realizado).

        Ahora viene el verso clave y el más abusado de todos: por tanto id, y enseñad a las naciones; o como algunas versiones traducen, haced discípulos a todas las naciones. Cada palabra está impregnada de la verdad bíblica, aún la palabra “por lo tanto”. “Por lo tanto” ¿refiriéndose a qué? Al hecho de que todo poder es Suyo, de que los Cielos y la Tierra son suyos, y de que debemos (por lo tanto) ejercer estos hechos como creyentes. Es aquí donde radica la real Gran Comisión.

La Llegada del Siglo (o la Edad).

        Para aquellos de nosotros que hemos salido de la típica fe de la iglesia de hoy (la de siéntete bien) y hemos entrado a la ortodoxia credal (relativa a la declaración de los Credos históricos de la Fe Cristiana), han habido algunos conceptos notables y nuevos que hemos tenido que adoptar. Uno de estos conceptos es la idea iluminadora de la intencionalidad pública ó corporativa de las promesas de las Escrituras, por encima de lo personal y privado. Gracias a la exégesis pietista de las Escrituras (pastor tras pastor, año tras año), la mayoría de nosotros mirábamos todo, desde el Pacto, hasta la santidad, el evangelismo, etc., como funciones esencialmente individuales. ¿Cómo entonces tratábamos la multitud de referencias a “naciones” , “pueblos” y “generaciones”? En verdad, ¿Cómo puede el 90% de los púlpitos de hoy conti nuar descuidando la naturaleza corporativa de la vida cristiana, o de la misma Biblia? Una vez que captamos la intención de las Escrituras de ser aplicadas a las naciones - por encima del creyente centrado en sí mismo - nos sorprendemos que tantos hayan escogido ignorar la naturaleza corporativa del Evangelio.

        Nuestros padres en la Fe entendieron el más amplio radio de acción de los prerrequisitos y promesas de Dios, y estuviesen sorprendidos de la idea típica que prevalece en las familias cristianas de hoy, la de “bendícenos a nosotros cuatro y nada más”. Ellos sabían que las naciones debían ser traídas a conformidad con los mandamientos de Dios, y eran, típicamente, gentes que miraban más allá de la iglesia. Todo esto se debía a su entendimiento del Pacto. Sus proezas, de las cuales nos maravillamos, fueron inspiradas por una Fe corporativa y extrovertida - no una santidad introvertida, introspectiva ó “personal”. ¡Lee la Biblia! ¡Lee los Pactos históricos! ¡Lee las cartas, los escritos, los documentos!

        El hecho de que nuestros padres también entendieron (correctamente) de que la Palabra de Dios se aplica a creyentes y no creyentes por igual demolió la abominable noción de que nosotros los Cristianos no tenemos derecho de “imponer” nuestras “creencias religiosas” sobre aquellos que nos rodean. Tenemos todo derecho de afirmar y aseverar la Ley-Palabra de Dios al Cristiano y al no-cristiano, precisamente porque todo poder en los Cielos y en la Tierra pertenece a Él, cuyo nombre usamos y llevamos.

¿Vayan, Peleen, Ganen?

        El “id” en el “Por tanto, id” ha significado, para la mayoría de la iglesia por dos siglos, salgan, váyanse lejos, y háganlo solos. La idea pactal (referida al Pacto) de sucesión, el hecho de traspasar la Fe por medio de hacer discípulos a nuestros hijos (muchos hijos) ciertamente que se ha perdido por largo tiempo. El énfasis ha estado en hacer convertidos. Mientras que los santos que han trabajado en tierras extranjeras y campos de misiones domésticas por doscientos años merecen coronas por sus sacrificios y servicios inimaginables, la comisión de Cristo tiene por lo menos mucho más que ver con mandamientos que con convertidos.

        La gran “campaña evangelística” también ha sido un vehículo para hacer convertidos desde hace algún tiempo. No podemos ignorar la efectividad de esta táctica, en tanto que la predicación de la Palabra de Dios ha sido usada, en Sus propósitos electivos para aquellos que han tenido oídos para oír. Sin embargo, la validez de esta forma de evangelismo, en lo que respecta a la Gran Comisión, está en proporción directa a su fidelidad a toda la Comisión. ¿Es la cultura cambiada por todos esos convertidos? ¿Están las naciones siendo reformadas por los convertidos? Últimamente el evangelismo en masa ha olvidado la grandeza, la totalidad, de la Gran Comisión y se ha vuelto solamente como un seguro de incendio. Si en realidad estuviésemos haciendo discípulos veríamos más fruto en las culturas “alcanzada s para Cristo”. Punto.

        Contemplamos, con pavor, los días del Gran Avivamiento en nuestro propio país, o de los grandes avivamientos de la historia. Ellos no son del todo un misterio, cuando una mirada más cercana, vemos lo que en realidad ocurrió.

Avivamiento, Despertamiento Espiritual y Reforma Social

        Uno de los estudios más provocativos y productivos que uno puede realizar es leer los registros en la Escritura de los avivamientos entre el pueblo de Dios. Es eminentemente claro que el gran avivamiento (y por ende despertamiento espiritual entre los paganos) es siempre precedido por la recuperación y público pronunciamiento de los Mandamientos de Dios. De igual manera, en los avivamientos históricos a través de las edades, es la Ley-Palabra - repleta de la bondad y severidad de Dios - que trae lo que los eruditos pietistas atribuirían a un “mover del Espíritu”.
        No hay duda de que la tercera Persona de la Trinidad visita, manifiestamente, durante tiempos de conversión. Él es nuestro paracleto prometido y nuestro habitante interno - mientras que nos rindamos de todo corazón a Cristo. Sin embargo, la verdad de que las “señales” siguen a los que leen o predican la palabra (Marcos 16:20, etc.) es innegable. ¿Cuál Palabra? La Palabra de Dios. La inédita, no resumida sino íntegra, Palabra de Dios. Lee los sermones de los predicadores del Gran Avivamiento. ¿Hay alguna sorpresa de que el Espíritu estuviese tan activo y veloz a medida que estos instrumentos de Dios fielmente proclamaban Su Palabra? ¿Acaso estos predicadores se dedicaron en demasía en mensajes para buscadores “sensitivos”, o simple y obedientemente obedecieron las instrucciones de Cristo: “enseñad a las naciones... a guardar todas las cosas que yo os he mandado”?

        No requiere demasiado esfuerzo intelectual unir lo que sabemos sobre la teología de la iglesia Americana por los pasados dos siglos, y luego calcular su efectividad en la Gran Comisión. Sí, hemos enviado más misioneros que cualquier otra nación en la historia del mundo. Sí, hemos hecho más bien alrededor del mundo que cualquier otra nación. Pero, ¿Quién está ganando? ¿Son las naciones de África, la India, el Centro y Sur América, Asia o Europa más Cristianas en los 1990´s (con todos sus “convertidos”) de lo que eran cuando las grandes organizaciones misioneras fueron engendradas en los 1800´s? ¿Hay más discípulos?

        Si la TEOLOGÍA de la organización que envía misioneros es Arminiana, premilenialista, dispensacional, pietista y ascética, entonces la predicación de sus misioneros será Arminiana, premilenialista, dispensacional, pietista y ascética. Producirán convertidos Arminianos, premilenialistas, dispensacionalistas, pietistas y ascéticos - no discípulos de Cristo que cambian el mundo con el arsenal y la fibra para promover los derechos de la Corona del Rey de Reyes. Con todo el slogan y metas de la iglesia de hoy de “alcanzar cada pueblo y grupo para el año 2,000” nuestra efectividad misionera es lamentable. Hemos abandonado la segunda mitad de la Gran Comisión.

        Podemos trazar la impotencia de los esfuerzos de nuestros modernos misioneros directamente a las herejías que infectaron la iglesia en el siglo diecinueve. Sólo Dios sabe qué proporción de los santos quienes están ubicados en las “vocaciones” Cristianas está completamente indoctrinada en el error de que “la ley es mala - la gracia es buena”. El propósito aquí no es exponer sobre la visión correcta de los Puritanos de que todas las vocaciones están asociadas a la causa del Reino, de que la Ley está llena de gracia, y de que la Gracia está llena de Ley. La meta no es presentar una lista de los errores en la Iglesia de hoy. El punto es que el error se transmite del Seminario al púlpito, del púlpito al creyente, del creyente al convertido. El resultado es legión tras legión de convertidos infantiles, acobardados quienes están si guiendo solamente la dirección de “evangelistas” que desprestigian los mandamientos de Dios al decir que son contrarios a la Gracia.

Todas las cosas que Yo os he mandado.

        Sería predicación de la más alta calidad el delinear “todas las cosas” que Cristo tenía en mente cuando instruyó a sus discípulos a enseñar a las naciones lo que El había mandado. Todos debiésemos estar convencidos de la unidad de las Escrituras, y de las bendiciones prometidas para la gente que guarda sus mandamientos. Pero queda como un misterio cuando mucho de la Iglesia se hace la desentendida acerca de Su propósito e intención en Mateo 28, cuando está tan claramente basado y sustentado en la inmutable Ley del Antiguo y Nuevo Testamento. ¿Qué más es lo que puede significar “en el Cielo y en la Tierra”? Nuestra Gran Comisión es clara: enseñar a todas las naciones a guardar todo lo que El nos ha enseñado a hacer, bautizándolos (“sumergiéndolos”) en la Trinidad, y llevar sobre uno el nombre del Trino y Viviente Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Todas las Naciones Bajo Dios.

        Finalmente, echemos una mirada a lo que Mateo 28 no dice. No dice: Por tanto, vayan, y enseñen a todas las iglesias, o enseñen a las clases de la Escuela Dominical, o enseñen a todos los Cristianos, sino enseñen a todas las naciones, todo lo que Cristo nos ha mandado. Las naciones, por naturaleza, son entidades sociales, entidades políticas, entidades económicas, entidades culturales, entidades étnicas. Presumir de que podemos llevar a cabo la Gran Comisión mientras confinamos nuestro “compañerismo” a aquellos que están alrededor de nosotros en las bancas y en las reuniones de oración es un total sin sentido.

        Debemos ver la Gran Comisión en términos de impactar la vida nacional de cualquier país en el que habitemos. Las artes, la educación, la tecnología, el campo político, todo debe ser alcanzado con Sus mandamientos. ¿Cómo? Por la vigorosa participación de los elegidos de Dios en todas estas áreas. Sólo nuestra presencia, por necesidad, enseña a otros. Dios siempre provee oportunidades para enseñar a otros. Mientras algunos de nosotros seremos comisionados a ir a cualquier parte, la mayoría de nosotros cumpliremos o rechazaremos al llamado justo donde vivimos.

        La “Gran Comisión” ha sido malentendida, mal dirigida y mal usada. La Gran Comisión es una re-declaración de la gran conclusión de Jesús a las Bienaventuranzas; esto es, que debemos ser sal y luz a las naciones - como Su pueblo, una ciudad asentada sobre una colina. No podemos ser lo que El quiere que seamos si nos sentimos incómodos con sus mandamientos, o si nos disculpamos al explicar las consecuencias de rechazarle a El. Cuando la Iglesia, ardorosamente abraza Sus mandamientos, encarnados en el todo de las Escrituras - y con celo los proclama - entonces veremos a las naciones bautizadas, inundadas en las bendiciones del Dios Trino. En tanto que la Iglesia trate de hacer a un lado los Mandamientos, con la baja falsedad de que “la ley” está muerta, la Gran Comisión permanecerá como la romántica noción de unos pocos misioneros. Con la apropiada estima por la segund a mitad de las instrucciones de Cristo, “enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”, tenemos Su promesa de que estará presente con Su Iglesia para completar la tarea, hasta el fin del mundo. Amén.

Abby Oberst es miembro de la Iglesia Cristiana Shiloh y sirve como editora del boletín de la congregación. Ella enseña literatura inglesa en un Colegio de Secundaria e Historia en una Escuela Cristiana.

Este artículo apareció en la Revista CHALCEDON, Nº 381, del mes de Abril de 1997.