No. 8 Verano 1993
Copyright © 1993 Michael W. Kelley
Dentro de la
Educación Americana: La decadencia, el Engaño, los Dogmas, por Thomas Sowell (New York: The Free Press, 1993) 368 páginas, notas,
índice.
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Lavado de Cerebro en el Aula de Clases
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Órganos de la Izquierda
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En 1963 R. J. Rushdoony, en El Carácter
Mesiánico de la Educación Americana, comentaba: “La actitud de la gente
hacia la educación es que es un dios que ha fracasado y aún así un dios que
quizás todavía puede ser estimulado para llegar así a cumplir su misión.”[1]
Podría parecer extraño que hace 30 años
alguien pudiese haber deseado expresar una preocupación acerca de la educación
y las escuelas que uno hubiese imaginado que comenzara a ocupar los encabezados
tan solo en los 1980s. ¡Con seguridad que las cosas no estaban tan mal en aquel
entonces! Desde entonces, sin embargo, a pesar de las advertencias y de
elocuentes alegatos, no solo no ha habido éxito en corregir esta ‘falla’, sino
que todo lo que se ha hecho sólo ha asegurado su terminación. ¡Así que,
si algo hay, la educación está aún peor el día de hoy!
Hablando casi solo, y con una mayor visión
que la mayoría de los críticos en ese tiempo, Rushdoony vio el porqué la
educación ha fracasado tan abismalmente – fue porque la gente había llegado a
conferirle a la educación en el mundo moderno pretensiones similares a las de
un dios. Se suponía que la educación era el medio para edificar la sociedad
perfecta, para resolver todos los problemas del mundo, desde el hambre y la
desnutrición hasta las guerras y toda injusticia concebible. Se consideraba a
la ignorancia como la causa principal de cada problema del hombre moderno. Pero
después de décadas de verter millones de dólares en la educación, y crear un
vasto sistema de amplio alcance de control estatal, la humanidad no estaba más
cerca de resolver sus problemas que cuando al principio se lanzó en su viaje
ideológico. Si en algo, las cosas parecían mucho más orientadas en la dirección
opuesta. En lugar de producir legiones de edificadores de utopías, el sistema
ha producido generaciones de mentes intelectualmente menos y menos competentes
y académicamente menos calificados – pero altamente politizados – que
amenazaban con producir, no el progreso esperado, sino una ‘devolución’ en
nuestras sociedades modernas junto con los estándares de vida que habíamos
llegado tan complacientemente a considerar como aquello que se nos debía. Lejos
de resolver nuestros problemas sociales, como prometió, hoy parecemos habernos
movido aún más cerca al abismo del caos y el desorden. Sin embargo, a pesar de
la cercana condición crítica de nuestro moderno sistema educacional, la fe del
hombre en el poder de la “educación” para desentrañar el secreto de la
felicidad humana quizás ha sido un poco fruncida, pero apenas sacudida. De
alguna forma (no hay duda, ¡más dinero no haría daño!) la misión de su dios
tendrá éxito.
Cuando la mayoría de la gente piensa en
educación inmediatamente piensan en las ‘escuelas públicas’. La razón obvia es
porque las así llamadas escuelas públicas o controladas por el estado,
mantienen un monopolio casi total de todos los aspectos de la educación en este
país. Quizás un 90 por ciento de nuestra juventud, por lo menos, ha adquirido
el aprendizaje que poseen de alguna escuela ‘pública’, mantenida con impuestos
y dominada burocráticamente.
En las mentes de muchas personas, un sistema
público escolar existe para el propósito primario de enseñarle a “Johnny” a
leer, escribir, y aprender aquel tipo de cálculos que le capacitarán
posteriormente en la vida para conseguir un empleo altamente remunerado. Para
algunos, la educación pública es considerada necesaria por los alegados
resultados socialmente beneficiosos – el alto estándar de vida que disfrutamos
hoy depende de un mejoramiento continuo en la tecnología y en la ciencia que
solamente instituciones educacionales bien dotadas podrían proporcionar. La
gente simplemente espera que las escuelas preparen a sus hijos para adquirir
las habilidades intelectuales, y otras, que les capaciten para “triunfar” en la
vida. Si los niños no están obteniendo estas habilidades, si no están
alcanzando el entrenamiento apropiado, entonces, en la percepción pública, un
“fracaso” masivo por parte de las escuelas es la única explicación posible. Y
las estadísticas dicen que los niños, en realidad, no están obteniendo la
educación apropiada que merecen. Aún peor, las escuelas hoy son cada vez más
los escenarios del crimen y la violencia, de tensión racial, drogas y moralidad
relajada, todo lo cual destruye la tranquilidad necesaria para la actividad
académica. La gente no considera que su filosofía básica de “educación” haya
fallado; ellos piensan que solo las “escuelas” han fallado. Entonces, cómo
hacer que las escuelas hagan su trabajo es el principal foco del debate.
Lavado de
Cerebro en el Aula de Clases
Esta vinculación de la escuela ‘pública’ con
la ‘educación’ en la percepción popular es responsable por una grave distorsión
en el entendimiento público de lo que enferma al sistema. Cuando la gente
pensativa en el presente piensa que la decadencia en la educación es atribuible
a algo que ha ido mal en la institución multi-billonaria de educación
‘pública’, no pueden imaginar que su fe en el sistema ha estado enteramente
extraviada. La mayoría creyeron honestamente que matricularon a sus hijos en
las escuelas ‘públicas’ simplemente para adquirir habilidades y conocimientos
técnicos para triunfar en un mundo incierto y cada vez más complejo. Si ahora
la ira se está levantando porque las escuelas ya no están haciendo un adecuado
trabajo en este sentido, sin embargo no parece ocurrírsele a alguien que la
institución de la escuela ‘pública’ es en sí misma la causa del fracaso en la
educación. Así, mientras hay mucha plática acerca de la ‘reforma’ que se
necesita en el sistema, nunca se dice nada acerca de librarse del todo del
sistema. Debe afirmarse enfáticamente, contrario a los dogmatismos de los
expertos de hoy, educadores, oficiales públicos, expertos, políticos, y grupos
de padres preocupados, que las escuelas ‘públicas’ Americanas no
han fracasado. Aunque desafía a mucho de la sabiduría recibida (sin mencionar
las estadísticas), es necesario clarificar este hecho. El sistema de escuelas
‘públicas’ no solamente no ha fallado en realizar su misión, ¡sino que
ha tenido éxito en hacerlo más allá de las expectativas de cualquiera! En
realidad, el sistema de escuelas públicas Americanas hoy es una de las
verdaderamente grandes historias de éxito de la historia Americana. Aunque la
escuela dirigida por el estado fue una invención Alemana, su crecimiento en
América ha sido un gran ejemplo de lo que es la fertilización exitosa
trans-cultural. La escuela pública en América ha sido una de las instituciones
más duraderas y, si el éxito se mide por un estándar monetario, una de las más
prósperas. En verdad, mucho más dinero, de un público confiado, ha sido
inyectado en el sistema de lo que jamás les fue hurtado por aquellos grandes
barones ‘ladrones’ de antaño.
El problema es que la mayoría de la gente no
entiende, y quizás nunca han entendido, cuál es el propósito de la escuela
‘pública’. Debido a que asociamos la palabra ‘escuela’ con ‘aprender’
conocimiento fundamental, simplemente no podemos imaginar que el aprender
conocimiento fundamental nunca ha sido algo más que un aspecto periférico de la
filosofía de la escuela pública. El propósito real de la escuela publica
tiene poco que ver, si es que algo, con una agenda ‘académica’ – su verdadera
meta fue, y permanece siendo, la creación de una clase correcta de seres
humanos, uno que piense y actúe según la perspectiva moral correcta (léase:
¡humanista!) y con una conciencia social uniforme. Se fundó para asegurarse que
todos los ciudadanos en América fuesen apropiadamente adoctrinados para
someterse a la voluntad política del estado y a cualquier ‘bien’ social que el
estado considerara adecuado de implementar. La meta de la educación pública era
asegurarse que los jóvenes, almas impresionables, fuesen fácilmente enseñados a
creer que los problemas de la vida no se hallaban solo al alcance del hombre y
su capacidad para resolverlos, sino que el único medio para realizar aquellas
soluciones era incrementar el poder del gobierno y hacerlo todo-penetrante en
cada área de la vida.[2]
Una vez que se entiende que esta ha sido el único propósito real de la
educación ‘pública’ desde sus comienzos en algún punto a inicios del siglo
diecinueve, no se requiere mucho esfuerzo para ver que en su propósito
escondido, pero primario, ha sido un éxito colosal. Todo lo cual nos trae al
último libro de Thomas Sowell, Dentro de la Educación Americana.
El libro de Sowell es solo el más reciente en
una serie de libros y artículos que han comenzado a hacer su aparición desde el
reporte La Nación en Riesgo alrededor de 1983. Aquellos que estamos
familiarizados con los escritos de Sowell sin duda esperaremos un examen
profundamente investigado y documentado de todas las dimensiones de la
industria de la educación Americana. No serán decepcionados. Al mismo tiempo,
no serán menos inspirados por los análisis a menudo brillantes de Sowell y las
contestaciones característicamente ingeniosas a los fundamentos vagos, si no es
que totalmente estúpidos, que han sido usados por las mentes liberales
humanistas a quienes, a pesar de la vacuidad de su lógica, les gustaría estafar
al crédulo público pagador de impuestos a continuar apoyando un sistema que no
está sino en total bancarrota. Sowell no tiene pelos en la lengua.
Sowell sabe muy bien que los problemas de la
educación ‘pública’ Americana tienen un largo pasado: “La historia de la
educación Americana, desde el tiempo cuando las escuelas de secundaria dejaron
de ser un lugar reservado para la elite académica o social, ha sido una
historia de inestabilidad constante, o de estancamiento, de tópicos académicos
por tópicos no académicos o de tópicos académicos más y más diluidos.” (p. 98)
Esto va al corazón de lo que declaramos acerca del propósito de la escuela
pública en América. Su meta ha sido trastocar el punto moral de autoridad de
Dios al hombre y de convertirse en un instrumento usado por los gobiernos para
crear sociedades democráticas utópicas. Los temas tradicionales, o ‘académicos’
eran obstáculos en la senda de este programa. Ellas enseñaron a los individuos
a pensar y discriminar entre varios, y a menudo competidores, puntos de vista.
Pero la utopía democrática necesitaba la conformidad ideológica. Un individuo que
pensara independientemente podría actuar como una influencia corruptora y de
ese modo socavar el pensamiento de grupo necesario para erigir la sociedad
humanista. En consecuencia, los tópicos ‘académicos’ o tenía que ser eliminados
o modificados para asegurar que los tópicos ‘no-‘ o ‘pseudo-‘ académicos
pudiesen capacitar a las escuelas para tener éxito en adoctrinar a los
ciudadanos a su rol apropiado – el cual es, apoyo desde el punto de partida
para cualquier programa gubernamental que se piense deseable por la cultura
política. Y, si alguno desea disputar el éxito de las escuelas públicas en
llevar adelante esta agenda, todo lo que uno necesita hacer es echar una mirada
alrededor. Uno observará fácilmente que los esquemas de votación están, en
realidad, de acuerdo con el ‘ismo’ del bienestar social y el gubernamentalismo
de todos los tipos; esto, a pesar de la ira creciente por la carga en aumento
de impuestos que les acompañan. Esta perspectiva ha controlado a nuestros
gobiernos en todos los niveles por casi 60 años y continuará haciéndolo a menos
que ocurra un giro mayor en la fe religiosa y moral del pueblo en una dirección
mayor centrada en Dios (i.e., centrada en la Palabra). En verdad, la historia
del sistema de escuelas públicas Americana ha sido la historia de un largo
esfuerzo por socavar el aspecto académico real en las escuelas.
En el presente, señala
Sowell, “... el lavado de cerebro se ha convertido en la mayor actividad
consumidora de tiempo en la educación Americana en todos los niveles.” (p. 17)
En otras palabras, “... se hace todo esfuerzo para remodelar los valores
morales, hábitos personales y actitudes sociales de los niños Americanos.” (p.
17) Esto concuerda con la agenda no-académica de la educación pública
Americana. Cuando el propósito de la educación es “moldear las actitudes”,
entonces el pensamiento crítico es probable que obstaculice esta empresa. Lo
que es más, Sowell no duda que la dirección en la cual este re-moldeo tiene el
propósito de ir es hacia la “política de izquierda”. (p. 98) Todos los valores
enseñados en las escuelas están diseñados para inculcar el respaldo moral a
todo propósito “socialista” concebible – desde las cruzadas por el hambre en el
mundo hasta los “estilos de vida”, desde el aborto a solicitud hasta salvar la
capa de ozono, y así sucesivamente. En cada caso se implica o se profesa
explícitamente que solo el gobierno puede salvarnos de todos nuestros
problemas. Las cruzadas por la salvación del mundo toman el grueso del tiempo
pasado en las aulas de clases, donde el tiempo es crucialmente necesario para
enseñar a los niños la lectura, la escritura y las habilidades matemáticas
básicas. (p. 15)
Las escuelas públicas han buscado hacer sus
agendas verdaderamente nacionales en enfoque. Si alguna región o área
permaneciera libre, constituiría una amenaza al sistema. En cada caso los
mismos principios deben ser enseñados en todas partes. Hoy el sistema nacional
ha inventado un programa que llama “educación afectiva”. Los distritos
escolares por todo el país han buscado ponerlo en acción. La meta de la
educación afectiva es socavar todos los centros de autoridad para la vida y la
conducta, para las creencias y convicciones para solo dejar los individuales,
las de él o ella. Para re-moldear a la juventud Americana para que sirva al
estado-Baal, es necesario primero vaciar sus almas de cualquier otro valor o
principio que no les haya sido enseñado por el sistema escolar. Un asalto mayor
es realizado contra todas las fuentes tradicionales de valor. Como Sowell comenta,
“El principio más general – en realidad penetrante – de estos varios programas
que es las decisiones no han de hacerse confiando en los valores
tradicionales pasados por los padres o la sociedad circundante.” (p. 47) Así,
se les dice a los estudiantes que ellos deben determinar sus propios valores.
Pero, entonces, cuando el estudiante ha sido cortado de las amarras
tradicionales ella o él es presionado a aceptar como suyos propios solamente
aquellos valores endosados a ellos por las escuelas. La “educación afectiva”
hace la pretenciosa afirmación de basarse en sanos métodos ‘científicos’. De
hecho, es un absurdo totalmente anti-intelectual. Sin embargo, una vez más, es
enormemente exitosa, como cualquier mirada a nuestras modernas sociedades
hedonistas fácilmente lo demostrarán.
Cuando se les dice a los estudiantes que
determinen sus propios valores, los programas de “educación afectiva” se
apresuran a añadir que todos los valores son ‘relativos’. Los valores de
ninguna persona o grupo han de pretender dominar o excluir los valores de otras
personas. No se podría aplicar ningún estándar para discriminar entre las
varias culturas. Sin embargo, si a algún estudiante se le ocurriera decidir que
sus valores son aquellos del Cristianismo y la cultura Occidental, puede estar
seguro que será rápida y vehementemente asaltado. Hay, dice Sowell, una
“hirviente hostilidad para con Occidente...” (p. 71) Aunque pretende tolerar
todos los puntos de vista en un abierto foro intelectual, de hecho el sistema
escolar ‘público’ o flagrantemente ataca o intimida al silencio a cualquiera
que no se someta al dogma de la “diversidad multi-cultural” prevaleciente. En
otras palabras, ¡cualquiera que no rinda homenaje a la “conformidad
ideológica”!
Como el sistema escolar público ha adquirido
el poder de un monopolio asegurado por el gobierno, así la ‘profesión’ de la
enseñanza ha emergido como el sindicato más poderoso de la nación. Y como
cualquier sindicato, su primera prioridad es protegerse a sí mismo y
recompensarse a sí mismo como vea apropiado. Los sindicatos no sirven al
consumidor, existen para promover y hacer avanzar sus propias agendas. Los
sindicatos de maestros que ahora controlan la escuela pública no son
diferentes. Lo que es más, como una agencia del gobierno, los sindicatos de
maestros están penetrados a fondo con valores liberales de izquierda. Para
ellos la política es el fin principal del hombre. Gustosamente gastan grandes
cantidades de tiempo esforzándose para extraer aún más grandes cantidades de
dinero de los pagadores de impuestos. Los sindicatos de maestros tienen
“virtualmente seguridad de empleo de hierro mezclado con barro...” (p. 22) No
importa cuán malo o incompetente pueda ser un maestro, y no importa cuántas
generaciones de estudiantes él (o ella) arruine, en lugar del despido, dice
Sowell, ese maestro “será recompensado con niveles de pago cada vez más
crecientes”. (p. 22) No hay casi ningún camino para que el público tenga algo
que decir en este asunto. Es estrictamente un asunto para las juntas escolares
cuyos miembros son producto del sistema y quienes comparten los mismos valores
políticos de administradores y profesores. En uno de sus típicos dichos
ingeniosos, Sowell responde al alegato de que muchos maestros han entrado, de
alguna manera, al sistema que no tienen académicamente la competencia para
tener éxito en la importante labor de instruir a la siguiente generación y que
estas deficiencias son la raíz del fracaso presente. Lejos de ser solo
académicamente deficientes, contrarresta Sowell, las vastas legiones de
maestros hoy “no están orientados académicamente.” (p. 32) Y eso es
porque todo el sistema no está académicamente orientado.
Dentro de la Educación
Americana mira no solamente a la escuela pública primaria y secundaria, sino
también a la educación ‘superior’ en las Escuelas Técnicas y Universidades.
Aquí también los problemas y los asuntos siguen el mismo patrón como en el
sistema educaciones en los niveles más bajos. Si es que algo pasa, los asuntos
solo se ponen peor cuando entramos a los ámbitos de la enseñanza superior.
Aunque el sistema de educación controlado por el estado es menos monolítico en
este nivel, la misma agenda ‘no-académica’ no es menos penetrante. Y aunque
muchas instituciones ‘privadas’ compiten con el gobierno para proveer una
educación universitaria para la juventud de América, no debiera pensarse, por
tanto, que existen mayores oportunidades para escapar del absolutismo del
humanismo e izquierdismo en las escuelas técnicas y las universidades. La
mayoría de escuelas privadas están tan infestadas con el virus de la política
radical y la revolución social como están las universidades operadas por el
estado. Por mucho tiempo la universidad ha fomentado la noción de que ella se
erguía para un intercambio abierto y libre de ideas y culturas; que los hombres
racionales, por medios racionales, resolverían las grandes disputas de la vida,
o por lo menos las admitirían con mucho gusto para el debate honesto. Hoy, ni
siquiera existe la pretensión de mantener tal agenda ‘informada’ en las
universidades. Ningún punto de vista es escuchado o tolerado sino lo que se
conforma al reinante izquierdismo ideológico. Hay, dice Sowell, un patrón
sistemático de “impedir que las audiencias académicas escuchen cualquier cosa
que desafíe la visión prevaleciente de la izquierda monopolizando actualmente
muchas escuelas técnicas y universidades de elite.” (p. 176) Esta prevención es
algunas veces aprobada oficialmente por la administración, algunas veces es
obligatoria por las demandas de una facultad radical, o, como es más a menudo
el caso, simplemente gritada a voces por bandas ambulantes de estudiantes cuya
indisposición para escuchar cualquier cosa con la cual estén en desacuerdo
usualmente se revela en una conducta que está lejos del ideal santificado de la
tolerancia racional e informada. Sin embargo, cualquier asunto que apele a la
izquierda radical en estas instituciones no solo se permite que sea escuchado,
sino que es proclamado en alta voz y demandado a gritos con todo desprecio por
la decencia civilizada. Hoy las escuelas técnicas y universidades son
únicamente los órganos de políticas izquierdistas e ideologías sociales, y de
lo que bebe el estudiante es una forma de gamberrismo en apoyo de estas
políticas e ideologías.
Además de la política, una característica del
profesorado de la universidad moderna es que ya no es considerada una profesión
de ‘enseñanza’. Hoy en las universidades la labor de enseñar es reducida a un
rol menor. La mayoría de los profesores no pasan mucho tiempo en las aulas de
clase. La mayoría ocupan su tiempo en ‘investigaciones’. Al mismo tiempo, las
universidades han edificado un sistema de tenencias para que aquellos en el
sistema se protejan a sí mismos contra el despido por casi cualquier razón. La
tenencia como forma de elitismo ha instigado una especie de mentalidad de
sindicato laboral, de tienda cerrada, en la profesión académica. El efecto ha
sido escudar a aquellos que alcanzan este status contra el tener que dar
cuentas por lo que enseñan o cómo se conducen a sí mismos en sus trabajos.
Tenencia significa que una clase profesional irresponsable puede ignorar o
resistir las llamadas clamando por cambios en el sistema, porque en la mayoría
de los casos donde eso sería posible requeriría despidos masivos y
sustituciones por más mentes académicamente competentes. En lugar de
universidades que se les requiere que llenen cuotas de plazas de trabajo
basadas en la política del momento, debiesen ser libres para emplear a
cualquiera que sientan que está mejor calificado para la labor de la enseñanza.
Y todas las evaluaciones debiesen hacerse sobre esta base, no sobre algún
requerimiento no-académico para conformarse a la noción político-cultural de
inclusión multi-cultural.
A pesar de la confianza en las estadísticas,
Sowell escribe con pasión y aún ira como debería cualquiera que considerara el
vasto desperdicio de dinero que se destina a apoyar un sistema de educación que
tiene poco que ver con aprender conocimiento real y sí mucho que ver con
inculcar los valores morales, vaporosos y destructores de sociedades, del
humanismo. Sin embargo, sorprendentemente, Sowell en ninguna parte clama por la
eliminación completa del sistema de educación ‘pública’ apoyada por el pago de
impuestos. Tampoco ofrece nada durante el camino como una alternativa. Aunque
su punto de vista moral básico es uno que debería, en lo general, ser
compartido por la mayoría de los Cristianos, no desarrolla su ética del
aprendizaje sobre alguna base definible específicamente Cristiana (i.e.,
Bíblica). Así que no insiste en que el Cristianismo debe entrar en el cuadro
como el único punto de vista ético factible a ser comparado con el del
humanismo. Tampoco indica que la responsabilidad por educar a los niños
pertenece a los padres – que deben o hacerlo ellos mismos, o contratar a
alguien más en el mercado de proveedores de educación.
Aún así, el libro es digno de su precio.
Provee un descubrimiento a fondo de todos los aspectos de la educación
‘pública’ Americana, sin dejar de tocar nada que haya contribuido a su
decadencia. CM
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[1] Rousas John Rushdoony, El Carácter Mesiánico de la Educación Americana, (Phillipsburg: Presbyterian and Reformed Publishing Company, 1963), p. 6.
[2] Para un estudio profundo del desarrollo de la filosofía de la escuela pública en la educación Americana véase, Joel Spring, La Escuela Americana, 1642 – 1985, (New York: Longman, 1986).