Entrenando a los Niños en la Responsabilidad


Por Joy Marie Dunlap


El entrenamiento del carácter es, en algunos sentidos, el enfoque más importante de una buena educación en el hogar (homeschool). Nuestros niños necesitan un conocimiento adecuado, pero aún más, necesitan un buen carácter que les prepare para la vida adulta. La responsabilidad es uno de los elementos más importantes del buen carácter.


Estableciendo el fundamento.


La responsabilidad comienza con una mentalidad, o un conjunto de presuposiciones, que traspasas a tu hijo de manera inconsciente.


Si tu cosmovisión es que los niños debiesen solamente jugar y hacer lo que les parezca a lo largo de su niñez, es seguro que van a vivir a la altura de esas expectativas y se van a quejar de sus tareas y obligaciones.


Si tu cosmovisión es que los niños no pueden sino ser egoístas y poco serviciales, esa expectativa se le hace muy clara al niño, sea que lo digas abiertamente o no.


La manera más segura para criar niños egoístas, groseros, discutidores y poco serviciales es tener expectativas bajas.


Si, por otro lado, tu cosmovisión es que todos debiesen contribuir al bienestar de todos, sin importar sus edades y niveles de habilidad, tus acciones, actitudes y expectativas van a reflejar eso, y tu pequeño niño comenzará a aprender el valor de la responsabilidad.


Comienza cuando estén pequeños.


Aunque nunca es demasiado tarde hasta que tus hijos dejen el hogar, es una buena idea comenzar desde pequeños mientras tus hijos sean preescolares. Cuando nuestro hijo mayor estaba comenzando a caminar y estábamos esperando un nuevo bebé, le dije que nos divertiríamos cuidando juntos del nuevo bebé. Se emocionó con la idea de ser un socio junto conmigo en este proyecto especial, y cuando el niño llegó se ajustó bien.


Nuestro hijo me ayudó a cuidar de su hermano menor trayéndome pañales limpios, poniendo la ropa sucia del bebé en el cesto, y levantando los juguetes que el bebé dejaba por allí. Le enseñé por medio del ejemplo, la inclusión y la comunicación positiva que es un privilegio trabajar juntos y servir.


Haga que el trabajo parezca divertido.


Los niños que recién están comenzando a caminar y los preescolares creen cualquier cosa que les digas, de manera que este es un buen momento para enseñarles que el trabajo puede ser divertido. Convertí en un juego el recoger juguetes y juntar los comestibles. Jugué con nuestros pequeños y ellos trabajaron conmigo. Hicimos todo juntos. Ahora, como adolescentes, son muy trabajadores y extremadamente ayudadores en las tareas de la casa y los patios.


Sea cuidadoso (a) con lo que dice cuando se comunica con sus niños, incluso en una edad muy temprana. Si ellos escuchan, “A mamá le gustaría divertirse con ustedes, pero ahora mismo tiene que trabajar,” en un tono que implica que a usted le disgusta el trabajo pero ama el juego, usted está comunicando el mensaje que el trabajo es una actividad indeseable. No comunique eso. En lugar de ello, dígale al niño, “Puedes divertirte conmigo mientras barro el piso. Podrías sostener la pala para mí. ¿No sería eso divertido?”


No permita que el trabajo suene como algo negativo enfrente de sus hijos si usted puede evitarlo. Si tiene usted dificultades sintiendo entusiasmo por el trabajo, ore pidiendo entusiasmo y el sentimiento positivo que necesita para traspasarlo a sus hijos.


El trabajo es un privilegio. Solo imagínese que está usted parapléjico o encarcelado en una celda por su fe o tiene la espalda dañada y no puede trabajar. Imagine su frustración de no ser capaz de hacer todo lo que usted es capaz de hacer ahora. (Como persona minusválida esto no es solo asunto de imaginación para mí. Aprecio más lo que puedo hacer porque he aprendido de lo que no puedo hacer.)


Si usted imagina estos escenarios, ambos muy reales para algunas personas en el mundo hoy, usted comenzará a entender qué privilegio es tener un cuerpo sano que sea capaz de realizar trabajo físico y hacerlo bien. Con esta mentalidad renovada, usted estará mejor capacitado para traspasarle a sus hijos un entusiasmo por el trabajo físico y la responsabilidad.


Trabajen Juntos


Uso la palabra “nosotros” al hablar de entrenar a nuestros hijos. Les digo cosas tales como, “Nosotros siempre ponemos nuestras ropas sucias en el cesto, así, en lugar de ponerla en el piso.” A los niños pequeños les gusta ser incluidos más que cualquier otra cosa, y usar la palabra “nosotros” les estimula hacia la conducta correcta sin darles un sermón. En lugar de decirle a un niño pequeño, “¡Limpia tu cuarto!,” siempre les he dicho, “Limpiemos juntos tu cuarto.”


Los niños pequeños aprenden mejor a trabajar y desarrollar hábitos responsables junto con su compañía. Aprenden mejor por imitación en un contexto inmediato. Se sienten amados cuando usted hace cosas con ellos y llegan a asociar de esta manera el trabajo y la responsabilidad con su amor. Esto les da una actitud más positiva hacia el trabajo más adelante cuando tienen que hacer sus tareas sin su ayuda.


Permita que los preescolares tomen algunas decisiones, pero les de siempre una opción. Hay ocasiones cuando un niño escucha escuchar, “Esto es lo que vas a hacer.”


Es bueno decir las cosas de manera inclusiva y cariñosa, pero no cometa el error de entrenar a sus niños en la testarudez, fracasando en hacer que hagan lo que no tienen ganas de hacer. Una parte importante de la responsabilidad es aprender a hacer lo que se necesita hacer sin importar cómo se siente uno. Sea cuidadoso (a) en edificar un buen fundamento en los primeros años, un fundamento tanto de nutrición cariñosa como de firmeza.


Construya una Rampa de Responsabilidad


Un error que los padres cometen a menudo es permitir que sus hijos pequeños jueguen hasta que alcancen una edad “responsable.” Luego, repentinamente, está todo este trabajo por hacer y responsabilidades que cumplir, y eso es un impacto para el sistema. Ayude a su niño a que gradualmente asuma más trabajo y responsabilidad. Un bebé comienza sin ningún trabajo o responsabilidad, y entre los 19 y los 24 años se encuentra a sí mismo trabajando 40 horas a la semana para sostenerse. Su trabajo es edificar una rampa de incremento gradual en responsabilidad para sus hijos.


Un adulto joven que está acostumbrado a niveles crecientes de responsabilidad tendrá un tiempo más fácil ajustándose al trabajo de tiempo completo.


Comience con los años preescolares, comenzando con tareas tales como colocar la ropa en el cesto y recoger los juguetes, y añadir tareas que el niño pueda hacer a lo largo del camino. Un niño de seis años puede poner la mesa todos los días, arreglar su cama, ayudar a secar platos, llenar el plato de la mascota, recoger sus propios platos después de la comida, y doblar y guardar su propia ropa limpia con un poco de ayuda.


Gradualmente añada nuevas responsabilidades cada año hasta que, como un adolescente mayor, su hijo lave su ropa y sus platos (quizás alternando turnos con sus hermanos), corte el césped, recorte los arbustos, cuide periódicamente a los hermanos menores, y quizás incluso tome un empleo de tiempo parcial o haga alguna labor como voluntario.


Es injusto mimar las tendencias perezosas de un adolescente, dejándole con poco menos que hacer que lavar los platos dos noches a la semana y sacar la basura. Cuando se tope con un trabajo de 40 horas a la semana (o una carrera universitaria de tiempo completo más un empleo de tiempo parcial) hasta la graduación, estará totalmente no preparado para la disciplina del trabajo duro que es necesario para una vida adulta productiva y exitosa. El trabajo y la responsabilidad deben ser edificados gradualmente a lo largo de los años de la niñez y la adolescencia.


Use Incentivos Positivos y Negativos Juntos


Estamos actualmente usando un sistema de incentivos negativos y positivos para ayudar a nuestros hijos a que aprendan auto-disciplina. No quise simplemente pagarles a los niños por lo que hacían, no fuera que llegaran a evitar el trabajo a menos que obtuvieran algo por él.


Quiero que nuestros entiendan que el trabajo es un imperativo moral, que ayuden a ganar nuestro sustento participando en la limpieza de los revoltijos que produjimos, sea lavando platos o lavando la ropa o algo más. No quiero que trabajen solo cuando tengan ganas de ganar un poco más de efectivo, y no quiero que descuiden otras responsabilidades personales y hagan solamente las tareas por las cuales les paguemos.


Con estos puntos de interés en mente desarrollé un sistema por el cual a los niños se les paga un pequeño monto por cada par de docenas de responsabilidades básicas, incluyendo la higiene personal, limpiar sus propios dormitorios, memorización de la Escritura, responsabilidades escolares y tareas dentro de la casa y fuera de ella. Estas tareas están enumeradas en una columna en una hoja fotocopiada y una lista de débito en otra columna.


El lado de débito enumera infracciones a la responsabilidad tales como un cuarto desarreglado, tareas descuidadas, tareas escolares sin terminar, herramientas olvidadas bajo la lluvia, y retrasarse con el lavado de la ropa (en el caso de nuestros adolescentes). Se enumeran las multas, y son suficientes como para ser un factor de disuasión para la conducta negligente.


Los niños se disponen a ganar si son responsables y a perder dinero si son negligentes. La columna de débito es un recordatorio de que sus tareas son responsabilidades que deben hacer siempre, no solo opciones en caso que estén solamente dispuestos a ganar un poco más de dinero para el bolsillo.


Otro sistema que se puede usar es una caja en la que se confiscan las cosas que se dejen tiradas por la casa y que deben ser recuperadas. Las cosas pueden ser recuperadas con dinero o con tareas extras, y los montos de dinero involucrados pueden ser grandes o pequeños, en tanto que no haya una gran discrepancia entre el monto que los niños tengan la oportunidad de ganar (incluyendo lo que puedan ganar fuera de casa en el caso de los adolescentes) y el monto que estén dispuestos a perder por causa de su incumplimiento.


De manera alternativa usted podría usar un sistema de puntos para mantener un registro de cuán regularmente cada niño se ha cepillado sus dientes, arreglado su cama, y hecho sus tareas escolares y sus deberes cotidianos con la recompensa de un artículo escolar muy especial, tales como un equipo de arte o un libro o un juego especial, una vez que ganen un número preestablecido de puntos. Nuestros hijos se ganaron el año pasado de esta manera sus propios calendarios de pared muy especiales.


Puede ser que usted tenga que cambiar los sistemas de incentivos de tiempo en tiempo. En mi propia experiencia los sistemas nuevos de incentivos funcionan maravillosamente, pero se envejecen después de un tiempo y pierden su poder de apelación. Los sistemas que incluyen tanto incentivos positivos como negativos enfatizan la responsabilidad en todas las áreas de la vida. También usé un sistema que llamo “Gáname” con buen éxito. Pego una moneda con cinta adhesiva a una tarjeta y la coloco sobre o al lado de un área problemática de la casa. Imprimo en la tarjeta una declaración como, “Gáname desempolvando completamente este estante.” El niño que toma la iniciativa en hacer el trabajo y lo hace de manera correcta obtiene la moneda. El monto se corresponde con el tamaño de la tarea desde un centavo hasta un dólar de plata. (Nunca hemos tenido el caso de que una moneda “Gáname” desaparezca sin que se haga la tarea.)


Cree un ambiente que conduzca a la responsabilidad.


Apartamos horas tranquilas especiales durante la primera parte del día para estimular hábitos de estudio diligente en nuestros hijos. No se permiten juegos ruidosos o demasiado activos durante este tiempo, y nadie ha de tener tiempo libre (más que un receso razonable) hasta que sus estudios estén realizados.


Por las tardes estimulamos la responsabilidad haciendo tareas juntos, algunas veces escuchando música clásica mientras se realizan las tareas. Algunas veces a los niños les gusta cantar mientras lavan los platos. Otras veces su papá o yo contamos una historia mientras trabajamos o escuchamos la Biblia en grabaciones de cassettes.


Tratamos de hacer que el tiempo de labores sea divertido con actitudes alegres, bromas de buen gusto, música o una conversación interesante. Una atmósfera de alegría y camaradería ayuda a la actitud del niño hacia el trabajo y la responsabilidad.


Tratamos de establecer el horario de trabajo de toda la familia y jugamos en los mismos momentos del día para evitar un sentimiento de resentimiento que puede resultar porque un niño se encuentre trabajando en los deberes mientras el resto de la familia se está divirtiendo. Si se requiere que se haga el trabajo de los patios, todos lo hacemos juntos y eso lo hace divertido.


También aplico “La Regla del Diez” para mantener al día el trabajo de los patios. Cada vez que los niños salgan se les requiere que hagan diez pequeñas tareas antes que puedan jugar. Esto podría ser recoger diez malezas, levantar diez flores marchitas, colocas diez hojas muertas grandes en la bolsa de la basura, o quitar diez hojas enfermas y disponer de ellas apropiadamente. O, en lugar de ello, el niño puede hacer una tarea más grande como rastrillar o regar. Esto les enseña a ayudar a cuidar la propiedad de la cual disfrutan y en la cual juegan – una habilidad futura importante.


Entrene a los niños a caminar la segunda milla.


En el Sermón del Monte Jesús nos enseñó a caminar la segunda milla. La actitud de un discípulo de Cristo es “¿Qué más puedo hacer para ayudar?” aún cuando ya se nos ha demandado un poquito (como llevar las cargas de un soldado Romano sin recibir pago en la ilustración de Jesús).


En nuestro hogar le pedimos a los niños que se completen las tareas los unos a los otros cuando uno de ellos esté enfermo. Les estimulamos a ayudarse los unos a los otros con el trabajo y a llevar las cargas los unos de los otros. Los niños mayores ayudan a los niños más pequeños con sus tareas escolares cuando estoy ocupada, y los niños más jóvenes ayudan a los mayores con los deberes.


Desalentamos fuertemente la actitud de “ese no es mi trabajo.” Les hemos enseñado a los niños que la carga de la vida debiese ser llevada por una familia que labora junta. James particularmente ha sido un estímulo para los niños con su actitud muy alegre hacia el trabajo y con el servicio los unos a los otros.


A los niños que se les permite reñir acerca de la justicia pierden el punto de ser un discípulo de Cristo. Si el enfoque está siempre sobre quién arrancó más maleza o si dos niños fueron los que secaron el mismo número de platos, los niños desarrollan actitudes centradas en la discusión que no conducen a la armonía familiar. Es mucho mejor una mentalidad de equipo de trabajo.


Les digo a los niños, “Cuando la mesa esté limpia y enjuagada, podemos ver todos un video o ir al parque,” o “Si terminados hoy toda la labor del patio, podemos irnos a comer un helado en la noche.” “Después que terminemos toda la limpieza de primavera, hagamos todos juntos un viaje para celebrar.” Las metas grupales con recompensas grupales estimulan la armonía, el trabajo en equipo y la responsabilidad.


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