Contra Mundum
No. 15 Número Final Impreso
El Status de la
Cosmología del Big Bang
______________________________________________________________________________
¿Prueban los recientes descubrimientos
científicos la existencia del Dios Bíblico? Esa es la tesis del astrónomo
Cristiano Hugh Ross. De acuerdo a Ross, las recientes observaciones
astronómicas proveen pruebas innegables que el universo, incluyendo el espacio
y el tiempo, comenzaron con una gigantes explosión. Se toma esto para implicar
que el universo debió haber sido creado por un Creador trascendente. Es más,
Ross argumenta que como de todas las fuentes religiosas solo la Biblia
corrobora la cosmología del big bang, entonces el Dios de la Biblia es
vindicado.
A primera vista pudiera parecer que el
Cristianismo es ayudado grandemente por tal confirmación científica. Sin
embargo, una mirada más cercana, revela que hay un precio que pagar. De
entrada, uno debe reconocer la fiabilidad de las especulaciones científicas con
respecto a los orígenes. Concediendo eso, uno debe entonces encarar el problema
de cómo reconciliar tales percepciones científicas con la verdad revelada a
nosotros en la Biblia.
Ross ha discutido su posición en un número de
libros recientes. El primero fue La Huella Digital de Dios[1]
(segunda edición en 1991). Sus perspectivas han sido más elaboradas en El
Creador y el Cosmos[2],
que se concentra en la evidencia cosmológica a favor de Dios, y Creación
y Tiempo[3], que se
interesa principalmente con reinterpretar Génesis 1 en términos de un antiguo
universo.
En los círculos evangélicos las opiniones de
Ross han recibido una sustancial cantidad de publicidad y apoyo. Las
contraportadas de los libros de Ross contienen citas favorables de un número de
bien conocidos hombres incluyendo R. C. Sproul (presidente de Ministerios
Ligonier), Bill Bright (presidente de Cruzada Estudiantil para Cristo), e
inclusive Harold Lindsell. Podría valer la pena examinar la fortaleza y las
implicaciones de las afirmaciones de Ross. ¿Cuán convincente es el caso que
Ross presenta? ¿Y cuáles son las implicaciones para el Cristianismo ortodoxo?
Ross está muy asimilado por la cosmología del
Big Bang. Esta teoría asegura que hace alrededor de 15 billones de años el
universo repentinamente llegó a existir a través de una enorme explosión (el
“Big Bang”) a partir de un estado inicial infinitamente denso (la
“singularidad” inicial). Según Ross, la evidencia de las observaciones descarta
a todos los modelos cosmológicos excepto al big bang;[4]
los últimos resultados comprueban que el universo en realidad comenzó con un big
bang.[5]
1. Debilidades en el Modelo
del Big Bang
Sin embargo la evidencia de las observaciones
no es tan falta de ambigüedades como Ross afirma. No es un secreto que el
modelo del big bang en sí sufre de serias deficiencias de observación.
Dos problemas en particular son prominentes: (1) la densidad observada del
universo es solo un pequeño porcentaje de aquel predicho por la teoría del big
bang actual, y (2) el big bang tiene mucha dificultad explicando la
formación de las galaxias y estructuras mayores. Ambos problemas han sido
“resueltos” postulando enormes cantidades de misteriosa “materia perdida”,
formas esotéricas de materia que son virtualmente invisibles. Sin embargo,
observaciones recientes levantan serias dudas en cuanto a si tal materia, en
las enormes cantidades requeridas, realmente existe.[6]
Hay aún más problemas. Por
ejemplo, un número aparentemente muy distante de galaxias, cuya luz se postula
que ha estado siendo emitida desde muy corto tiempo después del alegado big
bang la cual, por tanto, debiera aparecer como siendo muy joven, se estima
en billones de años; demasiado tiempo para ajustarse con el modelo del big
bang.[7]
En la misma veta, determinaciones recientes del rango de expansión del universo
(llamada “constante de Hubble”) implican – interpretadas dentro del modelo big
bang – una edad del universo de alrededor de 8 (o un máximo de 12) billones
de años. En contraste, se calcula que algunas estrellas tienen 16 billones de
años, un complicado dilema para los proponentes del big bang.[8]
2. Interpretaciones
Alternativas de los Datos
No solo el modelo big bang en sí tiene
deficiencias de observación, sino que toda la evidencia que parece favorecer la
cosmología big bang puede ser interpretada de otras maneras. Por
ejemplo, tome el hecho que la luz de galaxias distantes es observada mientras
cambia a un espectro ubicado en el color rojo. La opinión estándar es que esto
se debe al movimiento de las galaxias lejanas a nosotros, implicando que en
algún tiempo pasado las galaxias estaban mucho más cerca las unas de las otras
(i.e., en la singularidad del big bang). Pero hay otras posibilidades. Podría
ser que las galaxias en realidad se hallan estacionarias y que su luz es
cambiada al rojo debido a una pérdida de energía mientras viaja a través del
espacio. Se han propuesto varios mecanismos para explicar esta condición
rojiza: la interacción con un plasma intergaláctico, efectos gravitacionales, o
una variable en la velocidad de la luz. Sin embargo, aún la interpretación del
movimiento de los cambios rojizos puede ser acomodada en cosmologías
alternativas que eluden una singularidad pasada.
3. La Subjetividad de la
construcción y selección de la teoría
Por lo tanto, el argumento a favor de la
singularidad debe primero demostrar la superioridad del modelo big bang
sobre sus contendientes. Esto involucrará el establecimiento y la justificación
de criterios específicos para la selección de la teoría, lo mismo que una
prueba de que la cosmología big bang cumple mejor estos estándares.
Pero, ¿cuáles son estos criterios? La
simplicidad y la belleza son dos estándares que algunas veces son citados. Sin
embargo, la pregunta posterior de porqué las teorías de simpleza o belleza son
más probables de ser verdad nunca es abordada. Aún cuando estos estándares
fuesen aceptables, no es fácil evaluar cuál modelo cosmológico llena mejor la
medida. Los partidarios del big bang, tales como Hugh Ross, tienden a
minimizar los problemas para el big bang y a dar poca credibilidad a las
teorías rivales. De hecho, a menudo parecen pensar que el big bang ha
sido probado y que todas las otras alternativas han sido definitivamente
descartadas. Claro, los detractores del big bang tienden a pensar lo
opuesto. Lo que es claro es que es virtualmente imposible formular y aplicar
estándares objetivos para juzgar teorías científicas.
¿Cómo podemos probar que algún modelo
cosmológico particular es verdadero? Puesto que solo podemos observar una
región muy pequeña del espacio-tiempo, las teorías acerca del universo como un
todo necesariamente involucran el hacer un número de suposiciones no
verificables. Las suposiciones más comúnmente hechas incluyen: que las leyes
físicas que vemos aquí y ahora aplican en todas partes y en todos los momentos,
que el Sol está en una posición típica en el universo (i.e., no está cerca del
centro), que las leyes de la física observadas bajo limitadas condiciones de
laboratorio todavía serán válidas a temperaturas y presiones extremadamente
altas cercanas al Big Bang, que el universo es influenciado solo por causas
naturales, y así sucesivamente.
Ninguna de estas suposiciones puede ser
probada. El universo bien puede resultar ser bastante diferente de lo que
esperamos. Nuestras especulaciones científicas son fuertemente influenciadas
por profundos compromisos filosóficos y religiosos. Tales factores no
científicos juegan un gran rol en construir, evaluar y seleccionar los modelos
cosmológicos. En pocas palabras, todos los procesos para formular teorías
cosmológicas debiesen considerarse como un grado de sal.
4. ¿Existió una
Singularidad?
Aún entre los partidarios de la cosmología
del big bang no hay consenso en cuanto a lo que ocurrió cerca de la
supuesta singularidad, en la primera fracción de segundo. En esta primera fase
la teoría se degenera casi en la especulación completa. Aquí la teoría del big
bang enfrenta una cantidad de límites que son difíciles – sino imposibles –
de vencer.
Un problema mayor es que cerca de la
singularidad la presión y la temperatura se vuelven tan grandes que la física
convencional ya no aplica. Las presentes teorías de la materia ya no son
válidas aquí. Varias nuevas teorías de la física de partículas han sido
propuestas, pero todas estas son altas conjeturas y no verificables.
Aún más cerca de la singularidad la densidad
se vuelve tan enorme que las ecuaciones de la relatividad general deben tomar
en consideración los efectos de quantum. La relatividad general debe entonces
ser reemplazada por una teoría de gravedad cuántica. Nadie ha sido todavía
capaz de desarrollar un modelo funcional para la gravedad cuántica. Así pues,
lo que pasa en esos períodos de tiempo tan tempranos es especulación de
cualquiera. La única cosa que está clara es que no hay prueba rigurosa de que
la singularidad debe necesariamente ser alcanzada.
Es más, ¿cómo podemos estar seguros que la
expansión presente no fue precedida por una contracción? Se han construido
varios modelos big bang que evitan un comienzo en el tiempo. El
cosmólogo George Gamow sugirió que la expansión big bang fue precedida
por una contracción correspondiente: antes del Bing Bang estuvo el Big Crunch
(la gran crujida). En su opinión el universo ha existido desde la
eternidad, colapsando desde un estado infinito de dilatación hasta que llegó a
la singularidad del big bang, cuando la densidad se volvió inmensamente
grande. Desde entonces se ha estado expandiendo y la densidad está disminuyendo
fijamente otra vez.[9]
Se han construido otros varios modelos
eternos. Por ejemplo, se ha propuesto que el universo presente emergió
espontáneamente a partir de un vacío preexistente. Este modelo se basa en la
mecánica cuántica, en particular de la relación de incertidumbre.[10]
Según este principio, las partículas pueden ser espontáneamente generadas en un
vacío por fluctuaciones aleatorias de energía. Mientras más pequeña la energía
de las partículas, más tiempo pueden existir las partículas antes de
desaparecer nuevamente en el vacío. Tomando la energía total del universo como
cero (se argumenta que la energía positiva de la materia es cancelada
exactamente por la energía negativa de la gravedad), el universo puede durar
por un tiempo indefinidamente largo, un colosal almuerzo gratis. El cosmólogo
Ruso Rozental ha desarrollado esto en una cosmología eterna e infinita.[11]
Se mira al universo como un vacío infinito, hirviéndose en fluctuaciones de
energía. Nuestro universo presente no es sino una de las grandes fluctuaciones
en emerger del vacío; con el tiempo se disolverá otra vez en el vacío. Otros
cosmólogos[12] han
presentado escenarios en los cuales nuestro universo presente fue creado a
partir de un universo “madre”, y así sucesivamente desde la eternidad pasada.
Podemos concluir que, aunque muchos
cosmólogos sí creen que el universo físico tiene un pasado finito, la evidencia
es, más bien, de una naturaleza limitada. Descansa sobre una interpretación
particular de una extrapolación derivada de conjeturas más allá de las leyes
físicas conocidas, hasta la exclusión de varias alternativas sin principio que
parecen no menos plausibles. En pocas palabras, aún dentro de la cosmología del
big bang un universo eterno no puede definitivamente ser descartado.
Desdichadamente, las cuestiones
teológicamente significativas surgen justo más allá de los límites del modelo big
bang. A medida que nos acercamos al alegado primer evento el teoría se
vuelve más y más especulativa, con una correspondiente pérdida rápida de
consenso científico.
En lugar de reconocer la naturaleza
especulativa de sus afirmaciones cosmológicas, Ross las eleva al status de
verdad divina. Ross promueve la noción de una “revelación dual”: Dios revela
verdad tanto a través de la Escritura como de la naturaleza.[13]
Ross asume que la verdad revelada a nosotros a través de la naturaleza incluye
asuntos relacionados con los orígenes (¡y también todos los elementos
esenciales del evangelio![14]).
Así pues, ésta consiste no solo de observaciones directas, sino también
interpretaciones teóricas con respecto a la edad y formación del universo.
Sin embargo, esto nos mete en dificultades.
Pues si la verdad incluye teorías entonces debemos tener algún medio para
distinguir las verdaderas teorías de las falsas. Ross no aporta criterios
apropiados. En realidad, generalmente se reconoce por parte de filósofos de
ciencia que tales criterios no existen: todas las teorías son igualmente
improbables. Una vez más, debe enfatizarse que nuestra creación y selección de
teorías científicas son altamente dependientes de nuestras presuposiciones
filosóficas.
Es verdad que la naturaleza revela el poder y
la deidad de Dios, de manera que el hombre está sin excusa (véase Romanos 1).
Sin embargo, el paso aquí de las observaciones desde la naturaleza hasta Dios
depende de la conciencia del hombre, formado a la imagen de Dios, más bien que
sobre la formulación de teorías cosmológicas. En ningún lugar la Biblia sugiere
que Dios revele conocimiento del pasado a través de la naturaleza. Más bien,
enfatiza el deficiente conocimiento del hombre de tales asuntos (cf. Job
38:1-5; Is. 41.21-24).
Ross está en desacuerdo con aquellos que
sostienen una perspectiva de “revelación única”, aquella en que se afirma que
la Biblia es la única fuente autoritativa de conocimiento.[15]
Él contiende que aquellos quienes, sobre la base de la Biblia, creen en un
universo joven están negando la verdad que Dios ha revelado a través de la
naturaleza. Llega tan lejos como para afirmar que creer en un universo joven
significa rechazar tales puntos básicos como las leyes de Newton, la
relatividad y la hidrostática.[16]
Pero apenas este es el caso. Ross falla en distinguir, por un lado, entre
nuestras observaciones de la naturaleza y las leyes naturales que podemos
discernir en efecto en el presente y, por otro lado, nuestras explicaciones y
extrapolaciones teóricas de aquellas observaciones. No hay conflicto entre lo
que leemos en la Biblia y lo que vemos en la naturaleza; el choque ocurre solo
una vez que comenzamos nuestras especulaciones teóricas. Los creacionistas no
necesitan rechazar la mecánica o la hidrostática, aunque deberían ser cautos en
aplicar estas a las especulaciones sobre los orígenes.
Si, como cree Ross, la teoría del Big Bang es
parte de la revelación de Dios entonces debe ser consistente con la revelación
escrita de Dios. Así pues, Ross consume considerables energías combatiendo la
interpretación tradicional y literal de Génesis 1 – 11. Afirma que la Biblia,
cuando es “interpretada responsablemente”, es en verdad consistente con la
cosmología del big bang.
Esto requiere una revisión sustancial de la
lectura tradicional de los primeros capítulos de la Biblia. Entre otras cosas,
trata los días de la creación como largos períodos de tiempo, afirma que las
estrellas fueron creadas el primer día pero solo se volvieron visibles desde la
tierra el cuarto día, y argumenta a favor de lagunas en las genealogías del
Génesis, de manera que la creación de Adán puede haber ocurrido hace unos
60,000 años. Se proclama que el Diluvio del Génesis es solamente un asunto
local.
Así, habiendo remodelado el Génesis, Ross
concluye que “la Biblia es el único texto religioso que enseña una cosmología
con total acuerdo con los últimos descubrimientos astrofísicos”.[17]
Es dudoso que muchos eruditos Bíblicos vayan
a estar de acuerdo con la interpretación de concordia de Ross. Entre la
intelectualidad la concordancia ha pasado de moda. Por ejemplo, con
respecto a los días de la creación, la posición dominante hoy es que estos
debiesen ser considerados como días literales. El punto de disputa es si esos
días son históricos o parte de una estructura literaria.[18]
Ross apela a la historia para respaldar su
ataque a la lectura literal del Génesis. Él parece pensar que la fecha para la
creación de Ussher de alrededor del año 4,000 A.C. fuese una innovación del
siglo diecisiete. Según él “muchos de los primeros padres de la iglesia
interpretaban los días de creación como largos períodos de tiempo”.[19]
Cita en particular a Justino Mártir y a Ireneo[20]
como partidarios de la perspectiva que los días de la creación consistían cada
uno de mil años de duración.
Sin embargo, un examen más cercano de los
escritos de los padres de la iglesia indica que las afirmaciones de Ross son
simplemente falsas. Ninguno de ellos, ni aún Justino Mártir o Ireneo, trataron
los días de la creación como largos períodos de tiempo. La mayoría consideraba
los días como días normales, aunque algunos los consideraban figurativos.
Aquellos, tales como Agustín, que tomaban no literalmente los días generalmente
pensaban que los eventos de la semana de creación ocurrieron instantáneamente.
Sin embargo, muchos, tales como Ireneo, sí consideraban (sobre la base de II
Pedro 3:8 – “con el Señor un día es como mil años”) que, como la creación
del mundo ocurrió en seis días, así la historia del mundo duraría
seis mil años. Esto refuerza el hecho que ellos no consideraban los días
de la creación como largos períodos de tiempo.
Virtualmente todos los padres y teólogos de
la iglesia hasta el siglo pasado colocaban la creación de Adán hace unos pocos
miles de años, basados en los mismos métodos cronológicos usados por Ussher.
De acuerdo a Davis Young, quien rechaza una
edad joven para la tierra, la perspectiva casi universal del mundo Cristiano
hasta la llegada de la ciencia moderna era que la tierra tenía solo unos
cuantos miles de años de edad.[21]
Es digno de notarse que Young concede que la lectura literal del Génesis es la
lectura obvia; él aclara que su rechazo de ella se basa en consideraciones
científicas.
Según Ross, hay evidencia no solo de que Dios
causó el universo, sino también que Él lo diseñó. El universo parece estar
especialmente diseñado para el hombre. Ross provee numerosos ejemplos de esta
fina sintonización. En particular, afirma que la ocurrencia de probabilidad de
vida es tan improbable que el universo tendría que tener al menos 10 billones
de órdenes de magnitud más grandes para hacer que esta posibilidad fuera
plausible.[22] Por tanto,
un Creador personal y trascendente debe haber diseñado la vida.
También esta prueba para la existencia de
Dios es defectuosa. Ross mismo señala que el argumento del designio tiene
fuerza solamente en un universo finito (espacialmente). Aunque él toma la
finitud del universo como un hecho dado, Ross no aporta fundamentos para creer
esto. En realidad, es contradicho por su declaración de que la evidencia de
observación presente indica que el universo es abierto (i.e., la densidad es
demasiado pequeña para detener la expansión).[23]
En la cosmología big bang un universo abierto es generalmente tomado
como infinito en tamaño. En un universo infinito cualquier evento con no-cero
de probabilidad ocurrirá infinitamente a menudo. De manera que la vida – si
tiene una probabilidad de no-cero – pudo entonces haber surgido por casualidad.
¿Cuán convincente es la evidencia para un
Diseñador? Ciertamente parece increíble que este universo, con toda su
intrincada complejidad y belleza, pudiese ser el resultado de una casualidad
ciega y naturalista. Por otro lado, tal evidencia solamente añade a lo que ya
debería ser obvio a cualquiera, aún para los no científicos. Como Romanos 1 nos
dice, “Su eterno poder y deidad han sido claramente visibles en las cosas
hechas; de modo que no tienen excusa”.
Sin embargo, el hombre elige rechazar a Dios
y, como resultado, su mente es entenebrecida. La evidencia presentada en este
libro, aunque clara ciertamente para cualquier Cristiano, sin embargo, no llega
a ser una prueba rigurosa. A menos que el hombre sea movido por el Espíritu
Santo, aquel que quiera rechazar a Dios continuará encontrando alternativas
no-Cristianas. Así pues, aunque la evidencia para el diseño existe con
seguridad, será apropiadamente vista como tal solo cuando sea vista a través de
los ojos de la Palabra escrita de Dios.
Debiese señalarse que, bajo suposiciones
teístas, una prueba científica para el comienzo del universo no funciona: Dios
pudo haber interactuado con el universo de tal manera que éste ha existido
desde la eternidad. Claro, sabemos por la Biblia que este no ha sido el caso,
que el mundo fue en verdad creado hace un tiempo finito. Pero el objeto del
ejercicio es probar tales cosas sin apelar a la revelación.
Lo que Ross debió haber hecho era argumentar
que la cosmología del big bang, con sus suposiciones naturalistas,
tiene, sin embargo, implicaciones teístas. Por lo tanto, su naturalismo no
puede ser consistentemente mantenido. Esto pudiese entonces haber llevado a una
alternativa teísta a la cosmología del big bang.
Aunque la principal meta apologética de los
libros de Ross – convencer a los no creyentes de la existencia del Dios
Bíblico, y así mover a uno a buscarle para salvación – puede ser encomiable,
pero el precio por el método de acercamiento de Ross es demasiado alto. La
aceptación de la cosmología del big bang supone una reinterpretación
mayor de Génesis 1, concediéndole así a las teorías científicas el derecho a
determinar nuestra lectura de la Biblia. Esto abre la puerta a posteriores
concesiones a la evolución teísta e inevitablemente lleva al fallecimiento
total de la autoridad Bíblica. Seamos cuidadosos al evaluar las teorías
científicas a la luz de la Escritura, en lugar de hacerlo a la inversa. CM
_____________________________________________________________________________________
[1] Hugh Ross, La Huella Digital de Dios: Descubrimientos Científicos
Recientes Revelan la Inconfundible Identidad del Creador (2ª Ed., rev. y
actualizada. Orange, CA: Promise
Publishing Co., 1991).
[2] Hugh Ross, El Creador y el Cosmos: Cómo los Más Grandes Descubrimientos Científicos del Siglo Revelan a Dios (Colorado Spring, Col.: NavPress, 1993).
[3] Hugh Ross, Creación y Tiempo, (Colorado Springs, Col.: NavPress, 1994).
[4] La Huella Digital de Dios, p. 109.
[5] El Creador y el Cosmos, p. 27.
[6] Simon D. M. White, et. Al., “The Baryon
Content of Galaxy Clusters: A Challenge to Orthodox Cosmology”, Nature
366 (2 Dic. 1993): 429.
[7] Véase, por ejemplo, Jeff Hecht, “Double Whammy
Rocks Cosmology”, New Scientist, 141 (5 Feb, 1994): 16; Ral
Jayawardhana, “Red Galaxies Hint at an Old Universe”, Science 264 (13
May, 1994).
[8] Goerge H. Jacoby, “El Universo en Crisis”, Nature
371 (27 Oct. 1994): 741; John Travis, “Hubble War Moves to High Ground”, Science
266 (28 Oct. 1994): 539.
[9] George Gamow, “Modern Cosmology”, Scientific
American 190 (1954): 55-63.
[10] El “principio de incertidumbre” dice que en cualquier tiempo podemos medir con precisión ya sea la posición o movimiento de una pequeña partícula, pero no ambas a la vez.
[11] I. L. Rozental, Big Bang Big Bounce,
(Berlin: Springer Verlag, 1988).
[12] A. D. Linde, “Particle physics and
inflationary cosmology”, Physics Today 40 (1087, No. 9): 61-68; M. A.
Markov, “Some Problems of Modern Theory of Gravitation”. In: The Past and
Future of the Universe, (Moscow: Nauka, 1989), pp. 11-23.
[13] La Huella Digital de Dios, p. 145.
[14] La Huella Digital de Dios, p. 181.
[15] Creación y Tiempo, p. 41.
[16] La Huella Digital de Dios, p. 25.
[17] La Huella Digital de Dios, p. 179.
[18] Para una crítica del concordismo por un exconcordista, véase Davis A. Young, “La Escritura en las Manos de los Geologistas”, Westminster Theological Journal 49 (1987): 1-34.
[19] La Huella Digital de Dios, p. 141.
[20] Creación y Tiempo, p. 18.
[21] Davis A. Young, Christianity & the Age
of the Earth (Grand Rapids: Zondervan, 1982), capítulo 1.
[22] La Huella Digital de Dios, p. 138.
[23] La Huella Digital de Dios, p. 103; El Creador y el Cosmos, p. 58.