Contra Mundum
No. 6, Invierno 1993

Hacia un Remedio para la Esquizofrenia Bíblica

Por Brent Bradley

Copyright © 1993 Brent Bradley

El Evangelio Pactal, por C. van der Waal (Neerlandia, Alberta, Canadá: Inheritance Publications, 1990)
______________________________________________________________________________

Un muchacho que nunca antes había asistido a la iglesia asistió una vez a una serie de servicios donde se predicó un mensaje acerca del juicio de Dios contra Datán y Abirán. A la siguiente semana su amigo lo invitó para asistir a los servicios otra vez, pero él se rehusó, declarando su temor a un Dios irrazonable y enojado quien destruía a Sus enemigos con tal violencia y de modo tan terminante. En un esfuerzo por persuadirle su amigo replicó, "Oh no, has entendido mal. Eso fue en el Antiguo Testamento. ¡Ahora Dios se ha vuelto un Cristiano!" La historia es apócrifa en sus detalles, pero seria porque muchos evangélicos abrazan una discontinuidad similar entre el Nuevo y el Antiguo Testamento.

La predicación del evangelio es puesta en riesgo por aquellos que fallan en interpretar toda la Biblia en términos del principio unificador de Dios y oponen el Nuevo Testamento contra el Antiguo. En El Evangelio Pactal el Dr. C. van der Waal argumenta por la unidad de la Biblia, declarando que, "Este libro probará que la estructura tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento es la misma".

La doctrina del pacto está entretejida en la estructura misma de la Escritura y es difícil señalar algún texto probatorio exhaustivo e irrefutable. Sin embargo, una cuidadosa lectura de la Biblia revela la estructura subyacente muy claramente. Si Ud. fuera a ver un detallado tapiz Ud. no estaría consciente de la estructura de apoyo a través de la cual los hijos son tejidos por el artista para retratar la imagen, pero esa estructura de soporte provee el marco necesario para todo el cuadro. Si Ud. quitara esa estructura, todo lo que le queda es un enredo de coloridos hilos que no tienen relación aparente los unos con los otros. Así pues, cuando los Cristianos descuidan o rechazan la 'estructura de soporte' del pacto, son incapaces de entender y aplicar apropiadamente la palabra de Dios.

Para comprobar que el antiguo y el nuevo testamentos son lo mismo, el Dr. van der Waal inspecciona el registro Bíblico de los pactos hechos entre los hombres e identifica sus elementos comunes. Luego señala elementos similares en pactos extrabíblicos descubiertos a través de la investigación arqueológica. Finalmente, inspecciona el registro del Antiguo Testamento del pacto de Dios con Su pueblo, notando la similitud de los pactos dentro y fuera del registro Bíblico. El Dr. Van der Waal es cuidadoso en insistir en que la doctrina del pacto sea derivada de la Escritura, y no de la costumbre. Los pactos extra-bíblicos pueden ser útiles para nuestro entendimiento de la Biblia, pero no para dictarlo. La "arqueología", insiste, "debe permanecer como la criada de la Interpretación Bíblica, no como su maestra". (p. 16)

La discusión de Van der Waal de los elementos básicos del pacto es excelente. Los pactos normalmente incluyen un prólogo histórico, las condiciones del pacto, bendiciones prometidas a los guardadores del pacto y amenazas a ser ejecutadas en el incumplimiento de esas condiciones. Estos elementos básicos se hallan en el Nuevo Testamento lo mismo que en el Antiguo.

El Evangelio Pactal argumenta que el Nuevo Testamento debe ser entendido a la luz de su estructura pactal. Los Evangelios proveen el prólogo histórico que presenta la obra salvadora de Cristo como el terreno lleno de gracia de las demandas de Dios en el pacto. Las epístolas demuestran la estructura pactal cuando establecen doctrina antes de abordar las demandas que fluyen de la obra de Cristo. Un buen ejemplo de esto es Romanos 12:1-2, donde Pablo resume los primeros 11 capítulos de Romanos como las misericordias de Dios, y luego apela a los creyentes para presentar sus cuerpos como sacrificios vivientes para Dios. Las condiciones del pacto son vistas en las admoniciones dadas a los creyentes que han de gobernar la manera en que piensan y actúan. Las bendiciones son ofrecidas en las promesas de Cristo para esta vida y para la porvenir. Las amenazas son publicadas en el juicio inminente sobre el incrédulo Israel y sobre aquellos que imitan a Israel en su incredulidad. (Mateo 23:37-38, Romanos 11:17-22)

El fracaso en creer las demandas y amenazas del pacto ha producido la "creencia barata" que se extiende hoy por la iglesia. La presentación moderna del Evangelio retrata a Cristo como a un vendedor indefenso en lugar del Rey de reyes y Señor de señores demandando Sus derechos reales de los hombres rebeldes y definiendo Su salvación en términos de obediencia a las estipulaciones del pacto. Señalando que un "Cristianismo acomodadizo" y el "antinomianismo" han dañado tanto a las iglesias establecidas como a las misiones, van der Waal dice, "Decir que el nuevo pacto no conoce condiciones, es robarle al evangelio su carácter obligatorio". (p. 103)

De particular interés es el tratamiento de van der Waal de las raíces del moderno pensamiento dispensacional, que mira la Biblia en términos de discontinuidad en lugar de unidad. Marción, visto por sus contemporáneos como el enemigo más peligroso de la doctrina Cristiana, creía que, "Jesús reveló a un nuevo Dios, quien era totalmente diferente del Dios del Antiguo Testamento. Este último era 'terrenal' y severo, un Dios vengativo. Pero el Dios del Nuevo Testamento real envió a Jesús en un cuerpo fantasmal para revelar su amor". Él hizo absoluta la distinción entre ley y evangelio y la extendió a la relación entre el todo del Antiguo y del Nuevo Testamento. Influenciado por un avivamiento del pensamiento Gnóstico, Ptolomeo hizo la dicotomía entre Jesús y Moisés más aceptable al introducir un modelo evolucionista del desarrollo de la Escritura. Posteriormente, los Anabaptistas abrazaron una aproximación similar a la Escritura. Refiriéndose a la Institución, (II, 10, 1), van der Waal parafrasea la referencia de Calvino a los Anabaptistas "quienes consideran al pueblo de Israel en el tiempo del Antiguo Testamento como nada más que una horda de canallas, engordados por el Señor, sin esperanza de inmortalidad celestial". (p. 67) A esto Calvino responde: "El pacto hecho con nuestros antepasados no difiere en ninguna manera de aquel con nosotros, ni en sustancia, ni en contenido; tanto así, que los dos son totalmente idénticos". Debido a su doctrina de la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, van der Waal señala al dispensacionalismo como "un avivamiento de antiguas herejías". (p. 70)

Hay también algunas debilidades en El Evangelio Pactal. El estilo de van der Waal es corto y seco, y algunas veces deja al lector mareado por la velocidad a la que se mueve a través del material. A veces la brevedad con la cual trata un tema deja al lector ansioso por una explicación más extensa. Una sección del libro no fue completada antes de la muerte del autor. Esto añade al sentido de algo sin terminar, aunque ello en ninguna manera niega la utilidad del capítulo o del libro.

El autor no es tímido al bregar con los credos históricos de la Cristiandad cuando los considera errados, especialmente la Confesión de Fe de Westminster (CFW) y los Catecismos Mayor (CMW) y Menor (CmW). La CFW capítulo VII, párrafo 2, declara "El primer pacto hecho con el hombre fue un pacto de obras, en el que se prometía la vida a Adán, y en este a su posteridad, bajo la condición de una obediencia personal perfecta". Habiendo comparado esta declaración con el capítulo XIX, 5 y 6, van der Waal declara que la confesión enseña que la obediencia al pacto con Adán "traería justicia por medio de las obras", y dice que "esta noción debe ser rechazada radicalmente". (p. 54) No obstante, si Ud. rechaza la proposición de que la obediencia de Adán hubiese resultado en justicia a través de las obras, ¿no debe también rechazar la proposición de que la obediencia de Cristo, el segundo Adán, aseguró la justicia imputada a Su pueblo pactal? ¿Fue la obra de Cristo solamente pasiva al morir en expiación por el pecado, o fue también creativa, al proveer una justicia positiva cumpliendo el pacto de obras que Adán fracasó en cumplir? Además, los teólogos de Westminster hubieran insistido en que cualquier don de vida sobre la condición de la obediencia de Adán debía todavía ser visto como un acto de la gracia soberana de Dios. Si hubiese dado perfecta obediencia, Adán todavía hubiese sido un siervo poco provechoso, habiendo hecho solamente lo que se esperaba de él.

En otro lugar van der Waal rechaza el concepto de un conocimiento innato de la Ley de Dios como un concepto humanista. "Particularmente en un tiempo cuando se asume que la humanidad es el factor decisivo, es necesario rechazar la extraña filosofía de que Adán fue creado con la ley de Dios inculcada en su corazón. Tal aseveración promueve formas de pensamiento existencialistas y místico-revolucionarias. También para Adán la fe vino por oír la Palabra de Dios". (p. 58) En un esfuerzo por refrenar la descarada rebelión del humanismo, van der Waal parece tirar al bebé junto con el agua. Es verdad que los hombres son proclives a desarrollar formas de pensamiento existenciales y místicas. Sin embargo, la Biblia enseña que los hombres tienen un conocimiento innato de Dios y de Su voluntad como resultado de ser creados a la imagen de Dios y por el constante mensaje proclamado por el mundo creado de Dios. Pablo nos dice que los hombres reprobados "Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó". (Romanos 1:18-19) Además, el mensaje de la creación y el conocimiento de Dios que los hombres suprimen ('detienen') les hace estar sin excusa. (v. 20) En otra parte leemos, "Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio". (Romanos 2:14-16) Es verdad que la única regla infalible de fe y práctica es la palabra revelada en la Biblia, pero la Biblia indica que el hombre no puede escapar de las demandas de Dios sobre él aún cuando puede que ser que nunca haya escuchado la palabra de Dios predicada.

En otra nota, van der Waal interpreta la batalla en Apocalipsis como un conflicto entre la iglesia y la sinagoga, no la iglesia y Roma. (p. 125) Luego insiste que no debe haber vínculo entre los monstruos de Apocalipsis y la moderna opresión política. Más bien el énfasis debe estar en la necesaria separación entre la verdadera iglesia y la falsificada. Si él quiere decir con esto que el Libro de Apocalipsis debiese interpretarse en términos de los asuntos que estaba enfrentando la Iglesia al tiempo de la escritura de Apocalipsis, con esto podemos estar de acuerdo. Sin embargo, si quiere decir que no puede haber apelación al pueblo de Dios para que se afirme en contra de la falsa religión del estatismo que es tan prevaleciente hoy, entonces ha restringido a la Iglesia en su misión de discipular a las naciones.

El Dr. van der Waal mira los efectos del latente dispensacionalismo que afecta a la iglesia en el hecho de que el canto de los Salmos está siendo reemplazado por los himnos. Esa es una amenaza al evangelio pactal, que incluye venganza pactal junto con bendiciones pactales. "Cualquiera que haga discriminación en contra de los Salmos, de hecho ataca el reinado de Dios. También ataca al evangelio, porque el evangelio es el evangelio del reinado de Dios, quien no será burlado". Incluso aquellos que no son partidarios de la salmodia exclusiva estarán de acuerdo que la iglesia en general se muestra delicada y a menudo incómoda por los Salmos en general y por los Salmos imprecatorios en particular. No es el lugar del hombre sentarse a juzgar la palabra de Dios, sino que la palabra de Dios debe juzgar al hombre. Nos engañamos a nosotros mismos si creemos que la venganza de Dios ya no será mostrada sobre los quebrantadores del pacto. (cf. pp. 130-131)

Aquellos que deseen crecer en su entendimiento de la revelación de Dios hallarán una herramienta útil en este libro. Aunque no es exhaustivo en su tratamiento, el Dr. van der Waal junta un número de temas en la Biblia y muestra su relación mutua bajo el tema unificador del pacto. Este libro demuestra la continuidad del pacto en cuanto a que es renovado y completado en Cristo. No ha de haber una dicotomía radical entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Toda la Biblia es el evangelio pactal de Dios y debe ser interpretada como tal. Pasajes de la Biblia que parecen ser difíciles u oscuros se abren de par en par, y la majestad del evangelio es vista con nueva claridad y nuevo entendimiento. CM