Orgullo en el Corazón

Por Patch Blakey

La Biblia nos provee una cantidad abundante de ejemplos del orgullo necio del hombre. Uno de esos ejemplos es Manases, el hijo de Ezequías, quien reinó sobre Judá después que su padre murió. Manases comenzó a reinar cuando tenía 12 años de edad (2 Reyes 21:1), y la Escritura nos dice que hizo lo malo ante los ojos del Señor, practicando abominaciones peores que las de las naciones paganas que habitaban en la tierra de Canaán antes que el pueblo Hebreo (2 Reyes 21:9).

¿En qué forma fue Manases arrogante? Considere la siguiente lista abreviada de algunos de sus muchos logros vergonzosos: (1) edificó los lugares altos que Exequias su padre había destruido; (2) levantó altares para Baal; (3) adoró a todas las huestes del cielo, y les sirvió; (4) edificó altares para todas las huestes del cielo en la casa del Señor; (5) hizo pasar a su hijo por fuego; (6) practicó la hechicería; y (7) colocó una imagen tallada que él había hecho en la casa del Señor (2 Reyes 21:3-7).

Ahora, alguien podría preguntarse, “¿Cómo es esto arrogancia? Él simplemente parece un malvado. Quizás él era en realidad una persona humilde quien fue solo mal dirigida.” Bueno, por causa del argumento, digamos que Manases era de voz suave, sincero, compañero atractivo, con un gran sentido del humor, pero seriamente mal dirigido en sus creencias (aún cuando el texto solo nos permite llegar a la última conclusión). ¿Significaría tal caracterización que Manases era orgulloso? Enfáticamente, ¡sí!

La Biblia nos dice, “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios” (Salmo 10:4). Entonces, el asunto no es cómo impresiona un hombre (de hablar suave, gracioso, sincero), sino más bien, la condición de su corazón para con Dios. Manases puede haber tenido las características personales externas que hubieran hecho de él un gran Santa Claus en la tienda Macey's, pero si no iba en pos del Dios de la Biblia, estaba auto-exaltado en su propia arrogancia y orgullo presumido. El orgullo busca su propia gloria de los hombres, no la gloria de Dios. En palabras de aquel bastión de alta mar de sabiduría mundana, Popeye, “¡Soy lo que soy!” El orgullo tontamente mira al hombre como el centro de todas las cosas.

La Escritura también nos dice, “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Prov. 16:18). Dios odia el orgullo de los hombres, y también odia a aquellos hombres que lo poseen: “Los insensatos no estarán delante de tus ojos;

aborreces a todos los que hacen iniquidad” (Salmo 5:5). Aquellos que hacen iniquidad son los mismos hombres orgullosos que rechazan a Dios: “Dice el necio en su corazón:

No hay Dios... ¿No tienen discernimiento todos los que hacen iniquidad?” (Salmo 14:1, 4). Y también, “Abominación es a Jehová todo altivo de corazón, ciertamente no quedará impune” (Prov. 16:5).

En cuanto a aquellos que son humildes de corazón ante Dios, Dios ha prometido bendecirles. “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mat. 5:5). Dios ha prometido quitar al orgulloso del poder y establecer a los mansos como los habitantes y regentes de la tierra. Él hará esto a lo largo del curso de muchas generaciones y por la proclamación fiel y fructífera del evangelio (Gál. 3:8).

Sin embargo, el corazón humano es engañoso y desesperadamente malvado, aún entre aquellos a quienes Cristo ha salvado. Los humildes por quienes Cristo murió están sujetos al pecado del orgullo mundano, y así pueden frustrar la bendición de Dios. Juan escribió para amonestarnos contra esta tentación, “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:15-16). Pedro también advierte a los creyentes de la condenación de Dios contra el ser orgulloso, “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestios de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5).

“¿Cómo,” podrían algunos preguntar, “actúan los Cristianos orgullosamente?” Una de las formas más prevalecientes y perniciosas en cuando los hombres creen que ellos tuvieron una parte en su propia salvación. En esto están ejerciendo la misma impía arrogancia como lo hacen los no-creyentes. No obstante, cuando los Cristianos deliberadamente aseguran que fueron salvos por algo que ellos hicieron, le roban a Dios su justa gloria y ponen el crédito a sus propios pies. Esto es ser orgulloso de corazón, que es manifiesta arrogancia contra el mismo Dios que los salvó.

Pero ésta no es la única forma de arrogancia entre los creyentes. Entre aquellos Cristianos que reconocen que su salvación es enteramente un acto de la gracia de Dios y sin ningún esfuerzo por su parte, hay algunos que se exaltarán a sí mismos por estar conformados “verdaderamente” a la fe bíblica mientras condenan a aquellos a quienes consideran “apenas” conformados. Esto es orgullo espiritual e igualmente merecedor de la condenación de Dios. Más condenación le aguarda a aquellos que saben mejor (Santiago 3:1).

Nuestro ejemplo en todas estas cosas es Cristo Jesús, “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:6-8). Cristo se humilló a sí mismo, muriendo para salvar a los pecadores. Como pecadores salvados solo por Su gracia, debiésemos reconocer humildemente esta verdad y darle a Él toda la gloria. También debiésemos reconocer, como hizo Pablo, que aún no hemos alcanzado la gloria (Fil. 3:12), y como tales, no estamos en posición de mirar con superioridad a nuestros hermanos en Cristo. De otra forma, Dios nos humillará como hizo con Manases.

Este artículo apareció en la revista Credenda Agenda, versión electrónica.

Volumen 13, Número 1: Doctrina 101.