Como resultado
de la era industrial un segmento mayor de la sociedad pudo disponer de
más tiempo libre. Este fenómeno social no podía
quedarse sin afectar la concepción de la Fe que el hombre tuviese.
Con la llegada de la era industrial aparece también la tecnología
que tratará de proveer el entretenimiento que este nuevo orden social
necesita. La televisión aparece como el instrumento por excelencia
para llenar el aburrimiento que la revolución industrial está
provocando.
Uno de los
pecados imperdonables del hombre de esta época es entonces el
aburrimiento. Atacar este problema también afectará la
concepción que el hombre tenga sobre la vida y la Fe.
Por
Religión
Popular quiero significar el tipo de religión, cosmovisión,
filosofía o Fe que llega al hombre moderno vía los medios
masivos. Como cualquier otro producto comercial este tipo de Fe, cosmovisión,
filosofía o religión debe ser ofrecido de acuerdo con las
técnicas de mercado más modernas y sutiles. Este tipo de
religión popular nos llega vía televisión,
revistas, periódicos, radio, grabaciones en cassettes, papeletas,
boletines, etc.
El autor
Richard Quebedeaux en su obra titulada By What Autority: The Rise in
Personality Cults in American Christianity (Harper & Row, 1982)
menciona tres características que me parece podemos explorar desde
una perspectiva Latinoamericana.
Acomodamiento
La religión
popular, por definición, debe ser lo suficientemente amplia
si es que va a apelar a las masas. Así que ha de ser un mensaje
acomodado a los valores, símbolos y esquemas de pensamiento
de las masas. En la pág. 83 de su libro Quebedeaux dice: “El
pluralismo y el principio de asociación voluntaria, ambas características
tradicionales de la sociedad americana, juntas han sido un factor contribuyente
en la ascendencia de la acomodación como el valor primario detrás
del contenido de la religión popular”.
Los líderes
de la religión popular saben que el éxito y la influencia
entre el público están determinados por el gran número
de seguidores y por los grandes presupuestos, más que en el acuerdo
teológico.
No estoy
hablando aquí de la necesidad de hablar en términos “del
pueblo” cuando de presentar la Fe se trata, sino del hecho de permitir
que los esquemas de pensamiento (noumas) de las masas, rijan tanto
la forma como el contenido de la Fe que se está enseñando.
Uso solamente
un ejemplo: El pecado ha dejado de ser definido en términos
en términos bíblicos. Las consecuencias del pecado también
han dejado de ser definidas en términos bíblicos sino presentados
en términos psicológicos que apelan al hombre como centro
de la realidad: Vacío, carente de propósito, en medio de
soledad, carente de significado, sin rumbo en la vida, etc. ¿Podemos
señalar un solo sermón de los apóstoles en el libro
de los Hechos conteniendo tales definiciones de pecado? No es que
estos términos y conceptos no tengan lugar en una presentación
bíblica de la Fe Cristiana, siempre y cuando estén supeditados
a la definición primaria de pecado en términos bíblicos.
Es decir
que, queriendo minar un esquema de pensamiento anti-Cristiano nos encontramos
afirmando tal esquema al razonar la Fe en términos de ese mismo
esquema. Este modelo apologético pretende quitar ladrillos para
luego volverlos a colocar. Con esto lo que logramos es que el seguidor
de ese otro esquema de pensamiento anti-Cristiano valore, sopese, defina,
la Fe en términos de su propio esquema. El resultado es un
sincretismo de valores y esquemas que se hacen llamar fe cristiana,
cuando en realidad no lo es.
Así
pues, la religión popular, con su maquinaria tecnológica,
ayuda a diseminar una clase de Fe que podemos medir por su ineficacia:
más religión, pero total irrelevancia en los campos que ocupan
mayormente el pensamiento y la vida del hombre moderno. Una tentación
particular en esta característica es el deseo de sonar contemporáneo,
¿y qué mejor que hacerlo con el vocabulario psicológico
o sociológico de las Universidades seculares, especialmente si se
muestran las maestrías, licenciaturas, es decir, grados académicos
que legitiman de manera formal el vocabulario que estamos utilizando?
El
Exito
El dinero
es un bien escaso y la competencia por obtenerlo es tremenda. El consumidor
de la religión desea lo que desea y espera cualquier otro consumidor:
que el producto (la religión) satisfaga sus necesidades, caprichos
y deseos. Además, sumemos a esto que la sociedad como un todo, producto
del orden económico imperante basado en el consumo y el crédito
(dinero ex-nihilo – de la nada) tiende a tornarse una sociedad que posee
más bienes de consumo, es una sociedad aburrida (con más
tiempo disponible), impaciente y dominada por la ansiedad.
Con el propósito
de satisfacer la demanda de sus consumidores los líderes de la religión
popular han tenido que modificar la ética protestante del trabajo.
En lugar del trabajo diligente, esforzado, y sistemático para la
gloria de Dios, la religión popular ha “mentalizado” la ética
del trabajo: es un asunto de sentirnos de tal o cual manera respecto
de lo que hacemos. Otro autor, Michael R. Gilstrap lo dice de esta manera:
“Los temas medulares de la religión, el “bien” y el “mal”, lo
“pecaminoso” e “inmundo” han sido redefinidos para referirse meramente
a estados o procesos psíquicos” (Artículo Media Theo-Pop,
en The Failure of The American Baptist Culture, 1982 por Geneva
Divinity School, pág. 120., de la serie
Christianity and Civilization).
Pareciera
ser que Dios existe porque es útil, y Dios ayuda a aquellos que
se ayudan a sí mismos. De esta manera la Fe, y Dios mismo, se “instrumentalizan”,
se vuelven medios, instrumentos, herramientas. Y si no estoy logrando lo
que quiero lograr, entonces ¿para qué continuar usando esa
herramienta? Quizás un instrumento Hindú o Marxista, o Freudiano
o Darwiniano, resulten tan pragmáticos como cualquier otro.
Esto nos
lleva directamente a la “tecnología de la salvación” que
se desarrolla a partir de este tipo de pensamiento. Recuérdese que
la sociedad está marcada por la anonimidad, la falta de honor, y
el sentimiento común de que “no cuento para nada”. Una expresión
común de esta religión popular es el movimiento del pensamiento
positivo en que la valía personal se torna la brújula rectora
de los pensamientos y decisiones de los hombres. El sumun bonum
(supremo bien) del hombre es autorealizarse, encontrarse a sí mismo,
aceptarse, hacerse aceptar, etc.
El
éxito
es el instrumento para ese sumum bonum. Como dice Michael R. Gilstrap
pareciera que los pecadores ya no se encuentran “en las manos de un Dios
airado” (para citar a Jonathan Edwards), sino que ahora son vistos como
personas de un valor infinito, completamente capaces de alcanzar el bienestar
personal y social a través de un cambio voluntario de conciencia”.
Este mismo autor cita a Robert H. Schuller diciendo: “Jesús nunca
llamó a nadie pecador” (p. 91).
Esto, en
ninguna manera niega el poder del Evangelio para traer beneficios de carácter
físico. Lo que discuto aquí son las
premisas básicas
y la finalidad o propósito para ir en pos de tales bienes
o beneficios. La Biblia tiene un nombre para referirse al orden de pensamiento
que busca la riqueza como fin: Mammon. La Fe Cristiana no reduce
a Dios a la categoría de instrumento.
Resultados
Inmediatos
Estoy seguro
que ya habían previsto que ésta sería la tercera característica
o valor predominante en la llamada
religión popular.
Es la generación
del “disfrute ahora, pague después”. Es decir, el precio
viene después de la adquisición del bien o beneficio.
Se promete que los resultados se verán inmediatamente. De hecho,
mientras más rápido vea yo los resultados, más se
valida o legitima el proceso por el cual obtuve esos resultados.
Mi propia percepción de bienestar está por encima
de la valoración objetiva de la validez o no del proceso. ¿Qué
importancia puede tener el concepto de Ley cuando un nouma de este
tipo domina el pensamiento de una sociedad? Mi razonamiento va más
o menos así: puesto que tal o cual Ley me incomoda, me inoportuna,
me “saca de mi rumbo establecido”, entonces, no es buena. Es una forma
más del lema “el hombre es la medida de todas las cosas”.
Una perspectiva
bíblica de la Ley parte de Dios, la auténtica medida de todas
las cosas. El Salmo 36:9 lo dice de esta manera: “Porque contigo está
el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz”. Es en la luz provista
por Dios (no por el racionalismo, o el Iluminismo, o el romanticismo, o
cualquier otro “ismo”) que los hombres obtenemos entendimiento (luz).
La Biblia
nos presenta, en lugar de resultados inmediatos, procesos que se
desarrollan a partir de una persona: DIOS. Todo Cristiano serio sabe que
una de sus primeras aserciones sobre el orden creado y la historia residen
en su concepción de un personalismo cósmico. A diferencia
de las religiones paganas – en que el cosmos y la historia eran fruto del
azar y la suerte – el Cristianismo afirma un orden moral dirigido
y diseñado por una Persona: DIOS.
No hay “caminos
fáciles” en la Fe Cristiana. El precio siempre antecede al
beneficio. El “santificaos” (el precio) viene antes de la promesa:
“vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa” (Exodo
19: 10 y 6, en ése orden). La identidad está marcada
por un precio. No es asunto de un estado psíquico, sino de una realidad
tangible basada en un precio pagado. El precio fundamental fue provisto
por Cristo en la Cruz (I Cor 6:20; 7:23). El precio diario (Luc 9:23) consiste
en renovar nuestro entendimiento en términos de su
nouma,
y no en términos de la religión popular.