Orando por Sabiduría

Por Rev. Donald Herrera Terán

Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.” (I Reyes 3:9,10).

Es común en estos días escuchar oraciones como la siguiente: “Señor, da sabiduría a nuestros líderes para que nos guíen por los senderos de la paz, el desarrollo y la prosperidad.” Las variaciones son muchas, pero básicamente se pide al Señor que otorgue sabiduría a personas en posiciones de liderazgo y responsabilidad a fin de que desempeñen sus funciones para beneficio de otros.

Salomón también presentó delante del Señor su petición de sabiduría. ¿Cuál es el marco teológico en el cual debemos ubicar e interpretar esta extraordinaria petición al Señor por parte de Salomón?

Para comenzar a acercarnos a esta oración debemos preguntarnos: ¿En qué sentido era Israel “un pueblo tan grande”? ¿Es, acaso, una simple referencia al tamaño o la cantidad de personas viviendo en Israel?

La palabra para grande en el versículo 9 es kabed, que proviene de la raíz kabad. Esta palabra significa honor, gloria, lo que es honorable, que tiene peso, que es fortalecido, lo que es glorioso, lo que ha sido promovido, etc. ¡Qué hermosa palabra y cuánta extraordinaria riqueza de significado provee a nuestro versículo!

Israel es un pueblo glorioso por causa de Quién le creó. También es glorioso por causa de su llamado en Dios. Él había definido así el llamado de ellos como nación: “Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa.” (Éxodo 19:6). La sabiduría comienza con el reconocimiento de la fuente personal (Dios) que da origen, definición y propósito a alguna cosa. Así, como esposo, el primer paso en dirección de la sabiduría es el reconocimiento de la soberanía de Dios, al crear y determinar la función y propósito, de la familia. Así pues, la sabiduría Bíblica es esencialmente personal (Prov. 8:22-31). La sabiduría no es neutral. No hay sabiduría sin apellido. Cualquier definición de sabiduría o nace de Dios o de una fuente que no es Dios.

El Dios de la Biblia no es una deidad difusa, imprecisa o vaga. Es un Dios con contornos, con moralidad definida, pensamientos precisos y con una clara idea del orden que pretende crear y sustentar. Su sabiduría es un reflejo de Su carácter. La sabiduría por la cual oramos los Cristianos proviene de un Dios personal, preciso, delineado y lleno de claridad.

¡Claro que Salomón tiene razones para clamar por sabiduría! Recuerde: Él es Hebreo y su petición de sabiduría para gobernar está ubicada dentro del marco de referencia general del Pacto. La tarea es grande porque el pueblo es grande. El pueblo es grande porque Su Dios es GRANDE. Este Dios GRANDE había delineado el llamado para esta nación: “Me seréis un reino de sacerdotes.” ¿Cómo se gobierna una nación con este llamado?

Salomón sabe que el gobierno es un servicio que debe propiciar el cumplimiento del llamado. El gobierno Bíblico libera, no en el sentido anárquico, sino que libera plenamente las potencialidades de los gobernados para que cumplan a cabalidad su llamado en Dios.

El típico caudillo no razona en términos pactales. Tiene la “tarea” de gobernar. Una visión pragmática de tal tarea diría: “de hacer que las cosas funcionen.” El marco de referencia es impersonal. Simplemente se mira la maquinaria funcionando, andando, haciendo chillidos y ruidos. Cada pieza sabe qué función le toca hacer en la maquinaria. Pero, fíjese bien, debe pensar como pieza, razonar como pieza. ¿Por qué razón es que la iglesia no es comparada con una máquina? (Ya existían algunas máquinas rudimentarias incluso desde tiempos del Éxodo en Egipto.) ¿Por qué razón no se llama a los creyentes “piezas”, sino “miembros”?

Imagine un gobernante con una visión instrumental de la religión. Para él la religión es una expresión más del pueblo. No vale la pena reflexionar ni discutir en la validez en sí de los postulados de tal o cual religión. Lo que valida la religión es el hecho que el pueblo la observa, la practica. Ahora imagine que los sacerdotes y líderes espirituales se acercan a este gobernante para orar por él. En sus oraciones piden sabiduría para que este gobernante realice su función de gobernar. Hasta aquí el aspecto ritual de la oración.

¿Y luego qué ocurre? Que el gobernante buscará “sabiduría” en su filosofía impersonal para seguir gobernando a ese pueblo. En su marco impersonal la religión es un instrumento. Y, por lo que respecta a ese pueblo, es un instrumento que mantiene el status quo funcionando. Los adeptos de esa religión le dicen a su gobernante: “Tú permítenos continuar con nuestro culto. Tú haz tu trabajo. Mantén los precios bajos (aunque tengas que confiscar parte de nuestros ingresos para ello), consíguenos trabajo, provéenos diversión, centros de entretenimiento y de deportes, crea un sistema de salud que cure nuestras enfermedades, mantén la educación “gratuita”, etc.”

Es decir, “mantén la cultura funcionando en términos de tus presuposiciones impersonales. Nosotros estamos contentos que hayas creado un espacio para que podamos seguir practicando nuestra religión. Que Dios te dé sabiduría.”

La Fuente Histórica de Sabiduría

Dios había provisto los lineamientos para el ejercicio del gobierno en Israel. Deuteronomio 17:14-20 es una sección del Libro del Pacto (29:9) que ha de ser leída con detenimiento. En los versículos 18 y 19 del Capítulo 17 leemos: “Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra.

Un rey Hebreo sabía que la sabiduría que requería para gobernar estaba expresada en forma escrita en los escritos sagrados. La sabiduría Hebrea no era algún tipo de conocimiento místico, extraño, ajeno a la realidad. Ya hemos dicho que su marco de referencia era fundamentalmente personal. Y este Dios personal ha revelado Su carácter, Su voluntad y Su plan en forma escrita.

Como rey Hebreo Salomón debió haber recibido el día de su coronación una copia de la Ley de Dios. Esa sería su sabiduría. Esta era también la sabiduría del pueblo del pacto: “Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta.” (Deuteronomio 4:6).

Para sacar el máximo provecho de la fuente histórica de sabiduría había de existir comunión cercana con la Fuente Eterna de la Sabiduría: Dios mismo. Así que, después de aquella oración la conducta más acorde con la visión del Pacto, era la lectura y el estudio diligente de las Escrituras, el registro de la sabiduría personal del Dios del Pacto.

Todos conocemos los siguientes versículos: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación.” (Salmo 119:97, 98). ¡Estas son las palabras con que el Rey de Israel debía describir su propia experiencia como gobernante!

La única conducta acorde con una petición Bíblica por sabiduría es el estudio diligente, dentro del marco del Pacto, de las Escrituras. Menciono el Pacto como el elemento unificador de todo el contenido completo de las Escrituras. Para el creyente típico contemporáneo las Escrituras se parecen más a una colección inconexa de versículos, una serie de dichos piadosos con los cuales confortar el alma, muy similar a los versos de un poema hermoso, pero irrelevante. La métrica de los versos nos hace decir: “qué bonito,” la satisfacción estética individual se convierte en la vara de medir lo “especial” de ese poema.

Pero el rey de Israel debía leer las Escrituras con la finalidad de gobernar, y esto en términos Pactales. ¿Hizo así Salomón? El testimonio de una gobernante pagana registra las siguientes palabras: “Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría; pero yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han visto que ni aún se me dijo la mitad; es mayor tu sabiduría y bien, que la fama que yo había oído. Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría.” (I Rey. 10:6-8). El registro continúa y es digno de seguirse leyendo.

Estas palabras son un cumplimiento literal de Deuteronomio 4:6. Se hacen eco en el Nuevo Testamento cuando Jesús dice: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mateo 5:16).

Por los versículos de I Reyes 10 aprendemos que la buena administración del gobierno de Salomón, producto de apegarse fielmente a la sabiduría de Dios, había convertido a Israel en una ciudad asentada sobre un monte.

¿Quieres orar que Dios dé sabiduría a alguien? ¡Excelente! Obséquiale una copia del Libro de la Ley de Dios. Luego, enséñale a leerlo en términos del Pacto de Dios. No importa si estamos hablando de un padre de familia, o el gerente de una empresa, o el presidente de una nación. Todas las personas antes mencionadas tienen la responsabilidad, y la obligación, de caminar en los términos establecidos por el Rey de toda la tierra. Su Libro no es una opción, sino el Manual por Excelencia para la vida.

Pero de las personas antes mencionadas la cabeza del gobierno de una nación es la que tiene mayor responsabilidad. Y ciertamente es la más necesitada de sabiduría, para el desempeño de las funciones de gobierno de manera que como nación nuestro potencial para cumplir nuestro llamado en Dios se vea liberado y acrecentado.

Si el Estado de una nación está confiscando la herencia que buscamos dejar a nuestros hijos... entonces ciertamente ese gobierno, sus oficiales civiles, necesitan sabiduría para desmontar esa estructura que impide el cumplimiento de nuestro llamado como unidades familiares y propiciar una atmósfera y una armazón social que nos permita vivir más como Cristianos. Esto es solo a manera de ejemplo, pero Uds. saben que podríamos mencionar cientos y cientos de cosas en las que los oficiales civiles de nuestros Estados necesitan sabiduría. ¿Les mostraremos nosotros, en la Ekklesia, como funcionar en ella?