Contra Mundum
No. 3, Primavera 1992
Copyright © 1992 David
J. Engelsma
·
La Escritura como
la Autoridad en la Escuela
·
La Autoridad de las
Confesiones Reformadas en la Escuela
·
La Escritura
como el Contenido de la Instrucción
·
Implicaciones
para la Instrucción Diaria
______________________________________________________________________________
La Biblia es básica para la educación Cristiana; no simplemente como la
asignatura más importante de instrucción sino como la interpretación
autoritativa de todas las asignaturas escolares. Este estudio de lugar de la
Biblia en la educación Cristiana es el segundo capítulo del libro del Profesor
Engelsma Educación Reformada, modificado para ser publicado aquí por
separado.
“Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino” Salmo
119:105
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La
Sagrada Escritura tiene una posición en la escuela Cristiana de fundamental
importancia. La presencia de la Escritura hace de una escuela una Escuela
Cristiana. Sin la Escritura la educación no puede ser Cristiana. La exclusión
de la Escritura hace a la educación pública de hoy no solo no-Cristiana sino
también anti-Cristiana. Esta es la razón por la cual los padres temerosos de
Dios hallan inaceptables las escuelas públicas. Con percepción característica,
Lutero señaló, “Mucho me temo que las universidades, a menos que enseñen las
Sagradas Escrituras diligentemente y las estampen en los jóvenes estudiantes,
serán amplias puertas hacia el infierno.”[1]
Dios
está presente en y opera por la Palabra, la Sagrada Escritura. Desterrar la
Palabra es desterrar a Dios, y desterrar a Dios es invitar al diablo. La
necesidad de las Escuelas Cristianas Reformadas es la necesidad de que la
Escritura esté presente en las escuelas en su poder pleno, rico e
incorruptible.
La
presencia de la Escritura en la escuela está íntimamente ligada a la base
pactal de la escuela. La actividad de criar a niños del pacto* en la disciplina y amonestación del
Señor Jesucristo es hecha solamente por medio de la Escritura. Los preceptos de
Jehová que Deuteronomio 6 requiere que enseñemos a nuestros hijos están dados
en la Escritura. La disciplina del Señor, de la cual se habla en Efesios 4, es
prescrita y definida por la Escritura. La amonestación del Señor, de la cual se
habla en el mismo texto, se halla en la Escritura. Nuestras escuelas son un
aspecto de aquello que la Fórmula Bautismal Reformada llama “criar y
disciplinar a los hijos en la doctrina anteriormente mencionada”, y esto
demanda el uso de la Biblia. Dios, de quién en última instancia es la obra de
criar, opera a través de la Palabra y es el Amigo pactal de los hijos en la
Palabra. Por lo tanto, para que la educación pactal ocurra la Palabra de Dios
debe estar presente siempre y por todas partes, y debe estar presente como la
que reina supremamente.
Se da por sentada la doctrina histórica, confesional, ortodoxa y Reformada de la Escritura. La Escritura es inspirada por Dios, inerrante en todo lo que contiene, clara, suficiente, digna de confianza y autoritativa. Es la Palabra de Dios escrita, dada a nosotros, por gracia, para ser “una lámpara a nuestros pies, y una luz a nuestro camino” (Salmo 119:105). También es una lámpara para nuestros pies educacionales y también una luz para nuestro camino en las escuelas.
La
doctrina ortodoxa y Reformada de la Escritura es la sine qua non de la
educación Cristiana, como lo es de la predicación del evangelio, de la vida
Cristiana y, de hecho, de toda actividad Cristiana. Muchas escuelas
nominalmente Cristianas hoy están plagadas de escepticismo, i.e., incredulidad,
con respecto a la doctrina de la Escritura. Por virtud de este hecho estas
escuelas son Cristianas solamente en el nombre.
La
misma existencia de la escuela Cristiana depende de la Escritura. Los padres
temerosos de Dios leen la Biblia el mandamiento de enseñar a sus hijos las
palabras de Dios y de criar a sus hijos en la verdad de Jesucristo (Salmo
78:1-7; Efesios 6:4). Inclinándose a la autoridad de la Biblia ellos establecen
la escuela Cristiana. Puesto que es la poderosa Palabra misma la que opera esta
obediencia paterna, la Escritura misma establece la escuela Cristiana, lo mismo
que también establece el hogar Cristiano, de donde procede la escuela.
La
Escritura define la educación Cristiana. Concuerdo con el educador Reformado
Escocés, Jan Waterink, que no podemos definir la educación Cristiana de la
escuela citando un cierto texto, e.g., II Timoteo 3:17: “Que el hombre de Dios
sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.[2]
Sin
embargo, debemos ser dirigidos por la Escritura al definirla, especialmente por
aquellos pasajes que explícitamente tratan de la crianza de los niños del
pacto. A la luz de estos pasajes, podemos definir así la educación Cristiana:
la Educación Cristiana es la crianza de los hijos del pacto a la madurez
espiritual por parte de padres creyentes a través de un creyente capaz. Esto se
hace, en la escuela Cristiana, por la instrucción en todos los aspectos de la
creación de Dios a la luz de la revelación de la Sagrada Escritura. Así pues,
los niños se desarrollan y crecen, de manera que sean capaces de vivir todas
sus vidas en el mundo como amigos-siervos de Dios fieles y responsables en
Cristo Jesús, en obediencia a la voluntad de Dios y para la finalidad de la
gloria de Dios.
Esto
concuerda con la descripción de educación Cristiana de prominentes pensadores
Reformados. Según Herman Hoeksema, “Apuntarás en tu educación al hombre de Dios
perfecto, conociendo la voluntad de su Dios para cada esfera de la vida y para
cada paso que tome en el camino de la vida; definimos la educación como la
impartición al niño de conocimiento con respecto a su relación material y
espiritual en el mundo.”[3]
Jan
Waterink da esta definición: “la guianza de seres humanos de tal manera que
ellos con sus talentos sean capaces de servir a Dios apropiadamente, su
Creador, en la sociedad en la que han sido colocados”.[4]
Cornelius
Jaarsma ofrece esta definición: “La educación Cristiana es la tarea pactal por
la cual un niño es criado a la madurez en la ‘nueva obediencia’. Esta tarea ha
de realizarse según las indicaciones, ordenadas por Dios, con respecto a la
naturaleza del niño”.[5]
La
escritura informa a toda la instrucción dada en la escuela Cristiana (by
“informa” quiero decir: da esencia a, es la calidad característica de). La
Escritura es la luz de Dios en la cual vemos la luz. No se enseñará nada que
entre en conflicto con las Escrituras. La escuela Cristiana no enseñará
evolución, sea atea o teísta; la bondad natural y el progreso ascendente en la
historia de la humanidad (caída); comunismo; feminismo; la homosexualidad como
un estilo de vida alternativo; o la identificación del reino de Dios con los
Estados Unidos.
Como
la luz y la verdad de Dios, la Escritura es el fundamento y estándar de cada
asignatura, controlando, ordenando y explicando cada materia. De esta forma, la
Escritura hace de lo que es meramente verdadero, la verdad. ¿Cómo puede la
historia ser enseñada a menos que esté fundamentada e iluminada por la Palabra
que enseña de un Dios soberano; la centralidad de Cristo (“la plenitud del
tiempo” - ¡Gálastas 4:4); la depravación y la rebelión totales del hombre
natural en contra de Dios; la gran guerra del reino de Dios y el reino de este
mundo; y el juicio de Dios en la historia sobre los hombres y las naciones?
¿Cómo
puede enseñarse la ciencia aparte de la Palabra acerca de la creación; acerca
de la caída y la maldición sobre el hombre y sobre esta tierra; acerca del
diluvio; y acerca de la sabiduría y poder del Creador?
En
conexión con su crítica a la limitación de la inspiración de las partes
“ético-religiosas” de la Escritura, el teólogo Reformado, Herman Bavinck, habla
de la relación entre la Escritura y las otras ramas del conocimiento:
Finalmente,
y a partir de esto, la relación en la que permanece la Escritura para con las
otras ciencias se vuelve evidente. Ha habido mucho mal uso de la declaración de
Baronius, “la Escritura no nos dice cómo marchan las cosas en el cielo, sino cómo
entramos al cielo.” Exactamente como el libro del conocimiento de Dios, la
Escritura tiene mucho que decir con respecto a las otras ciencias. Es una luz
en el camino y una lámpara a los pies, también para la ciencia y el arte. Se
atribuye autoridad en cada área de la vida. Cristo tiene todo poder en los
cielos y en la tierra. Objetivamente, la limitación de inspiración a las partes
ético-religiosas de la Escritura es insostenible; y subjetivamente, la
distinción entre el aspecto religioso (godsdienstige) de la vida del
hombre y el resto de su vida no puede ser sustentada. La inspiración se
extiende, ella misma, a todas las partes de la Escritura, y la religión es un
asunto del hombre completo. Mucho de aquello de lo que está registrado en la
Escritura es de principal importancia también para las otras ciencias. La
creación y caída del hombre, la unidad de la raza humana, el diluvio, el origen
de las naciones y los idiomas, etc., son hechos de la más grande importancia
también para las otras ciencias. Cada momento, ciencia y arte entran en
contacto con la Escritura; los principios para el todo de la vida son dados en
la Escritura. Nada puede hacerse para minimizar esto (mi traducción del
Holandés – DJE).[6]
En
este sentido, la Escritura unifica toda la educación Cristiana. Materialmente,
esta unidad es la gloria del Dios soberano. Bavinck se refiere a esta función
vital de la Escritura en su Paedogogische Beginselen (Principios
Educacionales):
La Sagrada Escritura, un libro cuyo valor para la instrucción y la
crianza nunca puede ser valorado demasiado alto. Pues no solamente esa
Escritura nos pone al corriente con el camino que lleva a la vida eterna, sino
que también, exactamente porque hace esto, nos señala el camino en el que
tenemos que caminar en esta vida.
La Biblia es el libro que orienta al hombre también en esta vida
presente. Uno solamente necesita tener en mente que la Escritura nos provee una
visión de la naturaleza cuyo parangón no se halla en ninguna otra parte; esa
Escritura presenta una explicación del origen, el ser, y el destino del hombre
que se buscan en vano en la ciencia y la filosofía; esta Escritura coloca en
nuestras manos una introducción a la historia del mundo y de la humanidad sin
la cual deambulamos en un caos de acontecimientos.
Y la Escritura nos presenta con todo esto en una forma que es adecuada
para el educado y para el no educado, para la gente adulta y para los niños.
El hombre que es instruido en la Escritura, y criado por ella, llega a
estar en un punto ventajoso desde el cual tiene una visión de conjunto de la
gran totalidad de las cosas. Sus horizontes se extienden hasta los fines de la
tierra. Abarca en su pensamiento el origen y la meta de la historia. Conoce su
propio lugar porque se mira a sí mismo y a todas las cosas, primero que todo,
en relación con Dios, de Quién, a través de Quién, y para Quién son todas las
cosas.
Por lo tanto, la Biblia no es solamente el libro para la iglesia, sino
también para el hogar y la escuela. La instrucción Bíblica, con tal que sea dada
como debiera darse, no en una manera racionalista o pietista, sino según su
propio sentido y propósito únicos, es el alma de toda la instrucción, el poder
organizador de toda la crianza (mi traducción del Holandés – DJE).[7]
La
Palabra de Dios, la cual sostenemos ser la autoridad en la escuela no es la
“Palabra” de esa organización educativa en círculos Reformados en Norteamérica
anteriormente conocida como la Asociación para al Avance de la Erudición
Cristiana (AACS) y funcionando ahora en Toronto, Canadá, como el Instituto para
Estudios Cristianos (ICS). El ICS aboga por la educación Cristiana gobernada
por la “Palabra de Dios” y critica casi toda la educación Cristiana presente y
pasada por haber sido dominada por la iglesia: “Un ideal educativo controlado
por la iglesia ha impedido por siglos a la educación Cristiana escrituralmente
dirigida el desarrollar su propia manifestación independiente y distintiva”.[8]
El
énfasis del ICS en la “Palabra de Dios” en la educación Cristiana es engañoso.
Al decir “Palabra de Dios”, el ICS no quiere decir la sagrada Escritura, sino
el “plan estructurador y directivo para la creación”.[9]
La
“Palabra de Dios” no es la Escritura, sino una cierta “Ley-Palabra” que
“sustenta la creación”. De hecho, la Biblia no tiene lugar del todo en la
escuela Cristiana en cuanto al ICS concierne. Su único rol es preliminar, aquel
de abrir nuestros ojos a la “Palabra de Dios” que sustenta la creación.[10]
La
“Palabra” que el ICS tiene en mente es, en realidad, el juicio con respecto a
un aspecto particular de la creación de Dios por el erudito residente del ICS.
Esta “Palabra” es final y autoritativa, al menos hasta que el erudito de
Toronto nos informe que este juicio ha sido suplantado por otro posterior. Esta
es una “Palabra de Dios” que no está sujeta a la prueba y autoridad de la
sagrada Escritura. El erudito y maestro del ICS es el soberano en su esfera. Él
es el señor y dios en la educación Cristiana.
Esta
usurpación de la autoridad de la Escritura, i.e., de Dios mismo en Jesucristo, prueba
que el empuje “Reformado” del ICS no tiene nada en común con la Reforma o con
el ser Reformado en el aspecto de la educación. Básico a la Reforma del siglo
dieciséis era la confesión, “sola Scriptura”. La educación Cristiana
Reformada es educación que aplica esta confesión al entrenamiento de los niños
del pacto en la escuela.
Existe
una revelación de Dios en la creación. La creación y la historia dan a conocer
el Nombre glorioso y la sabiduría maravillosa del Dios Triuno.[11]
Los
eruditos y los maestros creyentes pueden y deberían escudriñar la creación. A
los niños del pacto se les debe enseñar la naturaleza del mundo en el que viven
y en el que son llamados a servir a Dios. Sin embargo, esto no puede ocurrir de
manera independiente de la Escritura, o aún paralelo a la Escritura, con una
mirada hacia la Escritura de vez en cuando. La Escritura debe ser el lente a
través del cual el maestro y el estudiante vean toda la realidad creada, para
usar la figura de Juan Calvino en el Libro I de la Institución. Y la
Escritura debe ser la autoridad reconocida de toda la empresa educacional, a la
cual le sirven todas las cosas, en la escuela Cristiana.
Dando por sentado ahora que la Escritura es la autoridad en la educación Cristiana, ¿qué acerca de los credos Reformados y Presbiterianos, el Catecismo de Heidelberg, la Confesión de Bélgica, los Cánones de Dort y los Estándares de Westminster? ¿Tienen algún lugar en la educación? ¿Es su lugar el de una autoridad?
Que
estos credos tienen un lugar autoritativo en la escuela Cristiana se da por
sentado en el extenso sistema de escuelas Cristianas establecido y sostenido
por miembros de las Iglesias Reformadas Protestantes en América. La
constitución de la Asociación de Escuelas Cristianas Reformadas Protestantes
del Sur de Holanda, Illinois, es representativa cuando declara:
Esta organización se basa en los siguientes principios: A. La Biblia es
la Palabra de Dios escrita, infaliblemente inspirada, cuya doctrina está
contenida en las Tres Formas de Unidad (Catecismo de Heidelberg, Confesión
Belga y Cánones de Dort – DJE), y como tal forma la base para la
administración, instrucción y disciplina en esta escuela (Artículo I, “Bases”).
Pero
esto está siendo desafiado hoy.
Es
digno de notar que el teólogo Cristiano Reformdo, Clarence Bouma, desafió el
lugar de los credos Reformados en la educación Cristiana hace mucho tiempo en
un discurso en una convención de la Unión Nacional de Escuelas Cristianas
(NUCS; la organización es ahora Escuelas Cristianas Internacionales, o CSI). Él
apeló a la base de la Universidad Libre de Ámsterdam, fundada por Abraham
Kuyper, la cual habla solamente de la instrucción como siendo fundada en
“principios Reformados”. Bouma pidió a las escuelas que removieran las “Tres
Formas de Unidad” como su base y a contentarse con la autoridad de los
“principios Reformados”.[12]
Inmediatamente
surge la pregunta, ¿quién determina los “principios Reformados”? ¿Abraham
Kuyper? ¿Clarence Bouma? ¿Herman Hoeksema? ¿Cornelius Van Til? ¿Karl
Barth? ¿Harry Kuitert? ¿Hendrikus Berkhof? ¿Un voto
mayoritario de miembros nominales de iglesias Reformadas y Presbiterianas?
El
ICS se opone al uso de los credos como la autoridad en la escuela.
La confesión de la Iglesia-institución (es) en gran parte inadecuada
para la tarea educativa.[13]
Las confesiones de una iglesia institucional (denominacional) no debiese
tomar el lugar de una confesión educacional Cristiana puesto que una escuela es
una escuela y una iglesia institucional es una iglesia institucional. Actuar
como si el credo de una iglesia puede ser el credo de una escuela es confundir
y llevar a conclusiones erróneas.[14]
Solicita
la composición de una “credo educacional” y, de hecho, ha hecho uno.[15]
No
es sorprendente que el ICS desee remover los credos Reformados de la escuela,
puesto que los rechaza incluso para la iglesia.[16]
La
objeción del ICS para que las confesiones Reformadas sirvan como la base de la
educación Cristiana ha sido influyente. Se ha hecho general entre los
educadores Reformados desafiar la tradición de fundamentar la escuela Cristiana
sobre las confesiones Reformadas. El profesor de educación de Calvin College,
Donald Oppewal, interpretó la referencia a los “estándares Reformados” en la
constitución de la NUCS como solo una referencia a los “principios Reformados”
y sugirió que la escuela y la iglesia debían tener diferentes credos.[17]
El
resultado ha sido que, con la aprobación de los padres, las autoridades de la
escuela Cristiana han desmontado las confesiones Reformadas de la base de la
mayor parte de las escuelas Cristianas.
Las
razones dadas para esta oposición a los credos Reformados como base de la
escuela Cristiana son que los credos son eclesiásticos, mientras que las
escuelas no son y no deben ser eclesiásticas; que los credos son demasiado
restrictivos; y, para muchos, incluyendo al ICS, que los credos son anticuados
y falsos.
Contra
esta desafío al lugar de los credos en la educación Cristiana, insisto en que
los credos deben ser conservados como autoritativos para la educación
Cristiana. Desecharlos es perder la educación pactal Reformada. Las confesiones
no son autoridad paralela a la Escritura sino la interpretación autoritativa de
la Escritura para la fe Reformada y para el pueblo Reformado. Ellas son la
interpretación Reformada de la Escritura para todos los tiempos. La sumisión a
los credos (¿necesitamos que se nos recuerde?) es sumisión a la Escritura.
Los
credos no son estrechamente eclesiásticos más de lo que la Biblia es estrechamente
eclesiástica, sino que son la verdad para la vida completa del creyente
redimido Reformado en el mundo. Ellos le obligan (de manera legal), le
fundamentan, y le guían no solo en la iglesia el Día del Señor sino también en
su matrimonio y hogar; en su trabajo y recreación; en su vida en el Estado; y
en las artes y las ciencias. Las confesiones Reformadas definen e iluminan la
cosmovisión Reformada.
En
los credos están los “principios Reformados” que deben penetrar y controlar la
educación Cristiana: la autoridad de la Sagrada Escritura; la soberanía de
Dios; la creación y caída del hombre; la preeminencia de Cristo; la antítesis;
y todo lo demás. En ellos se hallan vastas riquezas para la educación
Cristiana. Qué empobrecimiento de la educación, por no decir nada del
alejamiento certero de los “principios Reformados”, resulta cuando estos credos
son puestos a un lado y reemplazados con un moderno “credo educacional”.
Si
la Escritura, tal y como se interpreta en los credos Reformados, es la autoridad
en las escuelas, los padres, las juntas y especialmente los maestros deben
conocer la Escritura y los credos. Los maestros deben confesar los credos de
manera profundamente sincera. En su importante artículo sobre las escuelas
Cristianas en la tradición Holandesa Reformada, H. Bouwman señala que el Sínodo
de Dort requirió a maestros y profesores que firmaran la Fórmula de
Suscripción, quedando así obligados por vía legal a las confesiones Reformadas.[18]
Al
no ir en la dirección de hacer de la escuela una escuela de la iglesia, algo
como esto es necesario en la escuela Cristiana de hoy. Los maestros deben
expresar compromiso para con las confesiones Reformadas.
De
esta forma la educación Cristiana Reformada se distingue de la educación
Cristiana no-Reformada. En su obra a favor de la educación Cristiana, los
creyentes Reformados y Presbiterianos no deben restar importancia a “Reformada”
y presentar “Cristiana” como pendón de batalla. Hacer esto sería comprometer al
Cristianismo pleno y robusto de las escuelas.
Hay
una tendencia hoy a convertir lo que una vez fueron escuelas Reformadas en
amalgamas incoloras de muchas ramas de la Cristiandad. Especialmente son
transformadas en escuelas de “Cristianos evangélicos”, i.e., fundamentalistas;
Arminianos; neo-Pentecostales; y otros. Inevitablemente los principios
Reformados son extirpados de las escuelas. Esto no es decir que las escuelas
rechazan a estudiantes no-Reformados, cada solicitud de admisión ha de ser
cuidadosamente considerada por la junta y cada caso ha de ser juzgado sobre sus
propios méritos. Pero es para decir que todos deben entender que la escuela es
Reformada, totalmente, y que todo niño estará recibiendo una educación
Cristiana Reformada.
La
libertad del maestro en su trabajo está circunscrita por el lugar autoritativo
en la escuela de las confesiones Reformadas. La autoridad obligatoria de los
credos no amenaza a la genuina libertad académica, erudita y pedagógica. La ley
y la libertad no son enemigas sino amigas. Hay libertad dentro del marco teórico
de los credos: La libertad es la actividad no estorbada de una criatura dentro
de la esfera señalada para ello por Dios. Hay libertad práctica: Dentro del
área señalada por los credos, el maestro tiene espacio para la labor grandiosa,
excitante y abarcadora. Los credos mismos dan libertad al maestro para esta
labor. Le liberan de incertidumbres, de falsas direcciones, de la mentira en la
educación y del trabajo duro para nada.
Pero
no puede haber transgresión de los límites fijados por las confesiones. Esto
sería infidelidad a los padres, quienes apoyan y desean la educación Reformada.
Esto sería engañoso para los niños. Los maestros que trafiquen con contrabando
intelectual mientras ondean los colores de la fe Reformada son miserables, del
tipo de los traficantes de drogas. Peor aún, esto sería desobediencia a Dios. A
cualquiera que se oponga a los credos, o tenga dudas sobre ellos, le debe ser
prohibido enseñar en una escuela Cristiana Reformada.
La Escritura es la autoridad sobre la escuela,
¿pero ha de ser también el contenido de la instrucción?
Nuestra
respuesta debe ser un resonante “Si” pues esto es requerido por la base pactal
de la educación Cristiana. Que la Escritura sea el contenido de la instrucción
es el requerimiento de todos los pasajes de la Escritura que llaman a los
padres a enseñar a sus hijos. Deuteronomio 6:6-9 requiere a los padres que
enseñen a sus hijos la ley de Dios: “Y estas
palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las
repetirás a tus hijos”, etc. Según el Salmo 78:1-8, los padres deben enseñar a
sus hijos las alabanzas de Jehová, Su potencia, y Sus obras
maravillosas. Efesios 6:4 dice que la crianza ha de ser una crianza
totalmente en la disciplina y amonestación del Señor. II Timoteo 3:14-17
indica que el desarrollo de un niño hasta llegar a ser un hombre maduro de Dios
ocurre por medio de la Sagrada Escritura.
En
armonía con este requerimiento de la Escritura, el voto hecho por los padres
Reformados en el bautismo de sus hijos demanda de ellos que “prometan y tenga
la intención de ver a estos niños educados en la doctrina antes mencionada,
o ayuden o causen que sean instruidos en ella.”
No
podemos adoptar la base pactal de la educación Cristiana y luego omitir el
contenido de la instrucción estipulado en esa base, como si la educación pactal
todavía fuese posible de esa manera. Debe haber doctrina en las escuelas, no
clases en “los puntos esenciales de la doctrina Reformada”, sino doctrina.
Queda
todavía una importante pregunta: ¿Cómo ha de ser la Escritura el
contenido? ¿En una manera devocional en la que hay ejercicios regulares de
capilla y en que los maestros gritan, “Alabado sea el Señor”, ocasionalmente?
¿Cómo una asignatura en el currículo junto con las otras asignaturas? ¿O en
alguna otra manera?
La
enseñanza de la Biblia en la escuela por la que estoy contendiendo aquí no es
porque se celebren regularmente devocionales o que la Biblia sea una asignatura
en el currículo junto con la lectura, la escritura y la aritmética. Esto no es
para decir que la Biblia no debería leerse devocionalmente o incluso que la
Biblia no debería ser una asignatura distinta en el currículo. Pero es para
decir que estas formas de tener la Biblia en las escuelas no constituyen
la educación Cristiana, que no son la idea de la educación Cristiana.
Es
bueno y necesario tener devocionales en la escuela Cristiana, la lectura de la
Biblia con algunos comentarios apropiados por el maestro y la oración diaria.
Pero es un error suponer que este es el rasgo distintivo de la escuela
Cristiana y la principal diferencia entre ella y la escuela estatal. Algunos
piensan así. Presencie la alarma y el alboroto por la prohibición de la Biblia
y la oración en las escuelas del estado. Si todas las escuelas públicas
reintegraran la lectura de la Biblia y la oración genérica, las escuelas
públicas serían tan impías como siempre, y tan inaceptables para los padres
Cristianos como lo eran antes.
Con
respecto a la Biblia como una asignatura distinta en el currículo, aún cuando
la tradición pesa fuertemente contra ello y aún cuando la práctica actual tenga
buenos resultados, estaría de acuerdo con la idea de la escuela Cristiana
matutina el prescindir de la Biblia como una asignatura distinta. El enseñar la
Biblia no es algo que los padres no puedan hacer por sí mismos. Por el
contrario, todos los padres Cristianos son llamados por Dios a enseñar ellos
mismos la Biblia a sus hijos. Sería beneficioso para el ejercicio de su llamado
el que los padres supiesen que la escuela no está enseñando la Biblia.
La
enseñanza de la Biblia, ahora como una asignatura distinta, simplemente no es
la razón para el establecimiento de escuelas Cristianas y puede aún estorbar el
cumplimiento del propósito real de la escuela. El peligro es que los padres y
el maestro por igual pueden estar satisfechos con la enseñanza de la Biblia
como el cumplimiento del mandato de la escuela. ¿No se expresa esto mismo en la
declaración que algunas veces se escucha, “La nota más importante en el boletín
de calificaciones es la nota en Biblia”, y la declaración que es aún peor, “La
única nota en el boletín de calificaciones de nuestro hijo que es importante
para nosotros es la nota en Biblia”? Es también un peligro que la preparación
de la lección de Biblia y la enseñanza actual de la Biblia puedan acortar el
tiempo y el esfuerzo que el maestro debería estar consumiendo en la difícil
tarea de enseñar bíblicamente todas las asignaturas en el currículo.
Además,
la iglesia tiene el llamado de enseñar la Biblia a los niños.
Sin
embargo, es realista esperar que la escuela Cristiana continúe enseñando la
Biblia. Históricamente, las escuelas Cristianas han enseñado siempre la Biblia
como una asignatura distinta – las escuelas medievales, las escuelas de la
Reforma, las escuelas en los Países Bajos, y en las escuelas Cristianas en
Norteamérica hoy. Esto también tiene el buen resultado de que los niños
enseñados en la escuela Cristiana conocen con amplitud la historia, la doctrina
y los mandamientos de la Escritura. Pero se debe recordar que la enseñanza de
la Biblia como una asignatura distinta no agota el llamado de la escuela
Cristiana de proveer enseñanza bíblica. De hecho, esto todavía no toca el
corazón del llamado.
La
Escritura debe ser enseñada de esta forma: como el fundamento, la luz y corazón
de cada asignatura. La Escritura ha de ser introducida en operación efectiva en
cada asignatura, como un hecho natural, como el fundamento sobre el cual aquel
aspecto de la realidad permanece sólidamente; como la luz que ilumina tanto el
aspecto particular de la creación que está siendo estudiado, como para darle
significado, y al estudiante mismo quien está estudiando, como en lo que
respecta a su conocimiento y uso de ese aspecto de la creación; y como el
corazón, la médula, de la asignatura, unificando así todas las materias
escolares.
La
enseñanza de la Escritura en esta forma no debe ser concebida aparte del contenido
de la Escritura. Este contenido es el glorioso Dios Trino, Padre de Jesucristo,
Quien debe ser amado, temido y servido por el hombre y la mujer redimidos en la
totalidad de sus vidas. Bíblicamente, la creación que se estudia en la escuela
es la revelación del excelente Nombre de Dios. Bíblicamente, toda la
responsabilidad del niño quien estudia en la escuela es temer a Jehová y
guardar Sus mandamientos.
Este
tipo de enseñanza de la Biblia en la escuela Cristiana debería ser ilustrado.
Tome, primero, las asignaturas que tienen que ver con la lectura y la
escritura, incluyendo gramática, literatura, ortografía y la oratoria. Ellas
están fundamentadas en la Palabra de Juan 1, la Palabra Quien está eternamente
con Dios y Quien es eternamente Dios, la Palabra Quien ilumina a todo hombre
que entra el mundo, la Palabra Quien se vuelve carne en nuestro Señor Jesús.
Las palabras humanas no son sino fenómenos interesantes, útiles, pero
accidentales. Ellas son más bien el reflejo en Su creación de la Palabra en
Dios. En el corazón de las asignaturas que tienen que ver con las palabras está
la realidad del compañerismo a través de la comunicación, exactamente como la
Palabra eterna en Dios es la Palabra de compañerismo dentro de la Deidad y la
Palabra de compañerismo hacia la iglesia elegida de Dios. Esto lleva más
adelante a la noción de verdad en la literatura y a la noción de belleza en el
lenguaje hablado.
En
su enseñanza de estas materias, el maestro debe ser guiado por la doctrina
bíblica respecto a la Palabra en Dios; respecto al compañerismo a través de las
palabras; y respecto a la verdad y a la belleza en el lenguaje hablado y en la
escritura del hombre. Según las capacidades de los niños, se les deben mostrar
estas cosas. Me atrevo a decir que el efecto de tal enseñanza será un poderoso
fortalecimiento para el aborrecimiento del niño del contenido sucio, violento y
sin sentido de la prensa amarillista de hoy y un poderoso fortalecimiento de su
entendimiento de para qué son las palabras en la iglesia, lo mismo que el
estímulo y preparación del niño para usar y disfrutar sus dones de lectura y escritura.
En
cuanto a la historia, el fundamento, el significado, y el centro de esa
importante asignatura son las doctrinas bíblicas de la creación; la
providencia; la caída; Cristo y la iglesia; el surgimiento y caída de las
naciones por la mano directa de Dios; los juicios temporales de Dios; y la
batalla titánica y global de la Civitas Dei y la Civitas Mundi.
El significado de la historia es Jesús el Cristo, y el futuro de la historia es
el reino de Dios.
Con
respecto a la ciencia, las enseñanzas de la Escritura de creación por decreto
autoritativo, la creación del hombre a la imagen de Dios, la caída y la
subsiguiente maldición de la tierra, la catastrófica destrucción del mundo que
era entonces por un diluvio universal, y el gobierno ordenado de Dios de Su
creación (“leyes de la naturaleza”) son esenciales para la verdad de la
ciencia.
Tal
enseñanza de la Escritura en las escuelas hace la instrucción la verdad, tanto
en cada asignatura como en el conjunto general, y la guarda de ser una mentira.
Tal enseñanza hace Cristiana la instrucción – no solo “piadosa”, sino
Cristiana. Las escuelas de creyentes confesantes Reformados y Presbiterianos
deben ser Cristianas, i.e., teniendo que ver con Cristo Jesús. Ellas deben
estar centradas en Cristo. Deben estar devotamente dedicadas a Cristo. Que no
haya nada en la Escuela que no esté relacionado con Cristo o que esté
relacionado en alguna otra manera que no sea sobre sus rodillas ante Él. Pues
el mensaje de la Escritura es la gloria de Dios en Jesucristo. Toda la
responsabilidad y obligación del hombre, según la misma Escritura, es temer a
Dios creyendo en Cristo y obedecer a Dios doblando su rodilla ante el Señor
Jesús.
Tal
enseñanza es la tarea del maestro de escuela Cristiana. Es trabajo. Es trabajo
duro. Es trabajo por el sudor de la frente del maestro. Dios lo demanda. Los
padres lo esperan. Los niños la merecen. El trabajo de maestro no es tanto
poner calificaciones sobre trabajos (aunque también incluye esto), sino enseñar
la Escritura de esta forma.
¡Pero
qué trabajo más emocionante! Ver la verdad, aún en vislumbres y como en un
espejo oscuro; enseñar a otros el Nombre de Dios por encima de todos los otros
nombres, i.e., Jesucristo; y hacer esto, por la gracia pactal de Dios, para que
aquellos así enseñados conozcan a Dios y le sirvan, en verdad, es trabajo para
un profeta, un sacerdote y un rey – el maestro de escuela Cristiana.
Este
es un trabajo de fe.
Debemos
creer que el mundo y la plenitud de este son del Señor. Debemos volvernos como
un niño pequeño para ver el excelente Nombre del Señor en toda la tierra, ver
el Espíritu de Dios dando vida y aliento a toda criatura, ver el universo como
hecho para Cristo y Su pueblo.
Es
bueno leer los Salmos como parte de la preparación para la enseñanza en la escuela
Cristiana. El Israelita no era tan ingenuo como para ser ignorante de la
explicación física del nacimiento, pero estaba tan lleno de fe que él sabía que
la concepción y el nacimiento eran la obra maravillosa de Jehová (Salmo 139).
La alternativa es aprobación del aborto.
Debemos
creer que Jesucristo no es solamente el Salvador de almas para el mundo
porvenir, sino también el Preeminente en todas las cosas y el Señor exaltado y
viviente a Quien es sabio besarle en el pensamiento, en el trabajo, en el matrimonio,
en la historia, en la ciencia física y en la música.
Debemos
creer que ese, el más elegante de los libros, “la creación, preservación y
gobierno del universo”, puede ser leído correctamente solo a través de los
lentes de la Sagrada Escritura.
“Señor,
aumenta nuestra fe.”
Puesto que este es el lugar de la Escritura en las escuelas, la Escritura será traída a la enseñanza, abiertamente, sin ninguna vergüenza, y a menudo. No solamente habrá referencias al paso de la Biblia o aún citas de un texto de vez en cuando. Más bien, el maestro sacará la Biblia, leerá un pasaje o pasajes, y enseñará el pasaje, mostrando cómo el pasaje se aplica a la asignatura entre manos.
Incluidas
en los exámenes habrán preguntas que requerirán que el estudiante demuestre su
comprensión de la relación de una asignatura, o aspecto de una asignatura, para
con la Palabra, i.e., a Dios y Su Cristo.
La
clase de historia probablemente comenzará con la lectura y explicación de
Génesis 1-3; Gálatas 4:4; Efesios 1:10; Apocalipsis 21. A medida que el curso
se desarrolla el maestro leerá y explicará la profecía de Daniel sobre el
surgimiento y caída de las naciones; Eclesiastés sobre la vanidad de la vida
humana y la cultura aparte de la única gracia de Dios en Jesucristo; y
Apocalipsis sobre el significado de la guerra.
Romanos
13 será el corazón del curso de cívica.
Efesios
4:28; Mateo 6:19-34 y Lucas 16:1-13 estarán entretejidos en el curso de
economía.
Los
Salmos 104 y 139 serán centrales en biología.
Hasta
el atletismo en la escuela estará fundamentado y dirigido por la Palabra. La
“gimnasia” y otras formas de ejercicio físico comenzarán con una clase de
instrucción sobre el cuerpo del Cristiano. A partir de I Corintios 6:9-20 el
maestro mostrará que el cuerpo de un niño del pacto es redimido por Cristo y
santificado por el Espíritu de manera que ha de ser dedicado a la gloria de
Dios. No es la prisión despreciable del alma como suponía la filosofía Griega.
El maestro continuará hablando del provecho ligero del ejercicio corporal.
Advertirá contra el mal de glorificar el cuerpo en lugar de glorificar a Dios
con el cuerpo, a la luz de la idolatría en nuestra cultura de adorar la fuerza
y la agilidad del hombre y la belleza de la mujer. También habrá instrucción en
el mandamiento de Dios de que la competición sea moderada por el amor al
prójimo.
El
peligro de que la sana explicación de la Escritura reemplace a la instrucción a
fondo de la materia debe ser resistido. No es esto o lo otro, lo uno a
expensas de lo otro, sino enseñanza buena, sólida y completa de la materia a la
luz de la Escritura.
Para
hacer esto el maestro necesita pensar bíblicamente, necesita ser centrado en
Dios, i.e., Reformado, hasta la médula de sus huesos. Debe ser bíblica y
teológicamente competente. Para parafrasear a Pablo, el maestro debe estar
determinado a no conocer nada excepto a Dios en Cristo. Esto no significa, más
en el caso del maestro que en el de Pablo, la exclusión de todo lo demás. Más
bien, significa que todo es enseñado como la creación de Dios y que todo
pensamiento es traído cautivo a Cristo.
Este
tipo de escuela llevará fruto en jóvenes hombres y jóvenes mujeres quienes
temen al Señor y guardan Sus mandamientos en sus vidas tempranas y con sus posiciones
y talentos.
Esto
es lo que queremos los padres Reformados.
Y es
lo que Dios quiere. CM
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[1] Martín Lutero, “A la nobleza Cristiana de la Nación Alemana con
respecto a la Reforma del Estado Cristiano”, en Obras de Lutero, volumen
44, ed. James Atkinson
(Philadelphia: Fortress Press, 1966), 207.
* Para una breve explicación sobre el tema de “los niños del pacto” véase breve ensayo de Rubén Alvarado “Pensamientos con respecto a Perspectivas Desproporcionadas del Clero y de los Sacramentos” disponible en este Web site.
[2] Cf. Jan Waterink, Conceptos
Básicos de Pedagogía Cristiana, (Grand Rapids: Eerdmans, 1954), 37ss.
[3] Herman Hoeksema, “Educación Cristiana”, Standard Bearer, 3, (Septiembre 1, 1927): 532-536.
[4] Waterink, Conceptos Básicos, 100.
[5] Cornelius Jaarsma y John Deber, Hacia una Filosofía de la Educación Cristiana (Grand Rapids: Eerdmans, 1961), 9.
[6] Herman Bavinck, Gereformeerde Dogmatiek,
4 vols. (Kampen: J. H. Bos, 1906), 1:472.
[7] Herman Bavinck, Paedagogische Beginselen
(Kampen: J. H. Kok, 1904) 171.
[8] John C. VanderStelt, “La Batalla
por la Educación Cristiana en la Historia Occidental”, en To Prod the
“Slumbering Giant”, (Toronto: Wedge, 1972), 56.
[9] James H. Olthuis y Bernard Zylstra, “Un Credo Educativo”, en “To Prod”, 167-170.
[10] James H. Olthuis, “To Prod the ‘Slumbering
Giant’”, in To Prod, 30-33.
[11] Cf. Juan Calvino, Institución, 1:1-6; Confesión de Bélgica, Art. 2; Confesión de Westminster, 1.1.
[12] Clarence Bouma, “Propagando la Educación Cristiana”, en La Biblia y la Educación Cristiana (Chicago: La Unión Nacional de Escuelas Cristianas, 1925), 107-127.
[13] H. DeJongste y J. M. VanKrimpen, La Biblia y la Vida del Cristiano (Grand Rapids: Groen Van Prinsterer Society, n. d.), 109.
[14] Olthuis, To Prod, 26.
[15] Para este credo educacional, cf. Olthuis y
Zylstra, To Prod, 167-170; cf. también Hendrik VanReissen, La
Universidad y su Base (St. Catherines, Notario: The Association for
Reformed Scientific Studies, 1963), 53-61.
[16] Cf. Arnold DeGraff, Will All the
King’s Men (Toronto: Wedge, 1972), 95-111: “Nuestras confesiones reflejan
con claridad la antigua espiritualización y estrechamiento de la vida
Cristiana. Carecen de una clara visión del Reino. Y si esto no fuera suficiente,
también reflejan las controversias eclesiásticas, teológicamente condicionadas,
de su tiempo de origen. Como resultado estamos en gran necesidad de una nueva
confesión.”
[17] Donald Oppewal, “Las Raíces del
Movimiento Escolar Diurno Calvinista” (Grand Rapids: Calvin College Monograph
Series, 1963), 27-29.
[18] H. Bouwman, Gereformeerd
Kerkrecht, 2 vols. (Kampen: J.
H. Kok, 1928), 1:518-519.