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Que la madre que aún esté presente cuando los hijos sean jóvenes que sea muy diligente en enseñarles e inculcar en sus pensamientos cosas buenas. Cuando los padres se encuentran lejos de casa, las madres tienen oportunidades más frecuentes para instruirles, y continuar hablándoles de aquello que es lo más necesario y de vigilar sobre ellos. Este es el servicio más grande que la mayoría de mujeres pueden hacer para Dios en el mundo: más de una iglesia que ha sido bendecida con un buen ministro puede agradecer la piadosa educación de las madres; y muchas de las miles de almas en los cielos pueden agradecer el cuidado santo y diligente de las madres, como el primer medio efectivo. De esta manera las buenas mujeres (por medio de la buena educación de sus hijos) son de manera ordinaria grandes bendiciones tanto para la iglesia como para el estado. (Y así algunos entienden I Timoteo 2:15, en la frase "engendrando hijos", significando educar hijos para Dios; pero yo más bien pienso que se refiere a María dando a luz al Cristo, la simiente prometida). |